Iván Moreira, vicepresidente del Senado, respondió a los nuevos cuestionamientos del embajador de EE.UU., Brandon Judd, sobre la soberanía chilena en la Antártica y el Estrecho de Magallanes.
Frente a esas declaraciones, diputados de oposición han pedido declararlo persona non grata, mientras otros sectores han exigido su salida. Moreira sostuvo que ni Trump retirará a su embajador ni el diplomático respetará las notas de protesta.
«Todos sabemos que el gobierno de Chile no lo va a declarar persona non grata. Aquí para resolver este problema tiene que solucionarlo directamente el Presidente Kast con el secretario de Estado, Marco Rubio», dijo.
El senador también afirmó que es de público conocimiento que Trump «tiene una política exterior donde los representantes diplomáticos dicen mucho, elocuentemente, como una forma de presionar». Añadió que Chile debe buscar «los equilibrios entre China y los Estados Unidos», al tiempo que siga «abriendo mercados para que vengan las inversiones» en medio de «esta situación caótica de nuestra economía».
Moreira insistió en que sería ingenuo pensar que Trump retirará a su embajador o que este acatará las notas de protesta de la Cancillería. A su juicio, la salida pasa por «pescar el teléfono» y hablar con Marco Rubio para alcanzar un acuerdo que frene al diplomático.
También advirtió que, si se permite que un embajador «tenga licencia para decir todo lo que quiera», se sentaría «un muy mal precedente» para otros representantes extranjeros.
La discusión deja una lección incómoda para cualquier gobierno: la soberanía no se defiende solo con comunicados, sino con poder político, claridad estratégica y capacidad de negociación. Conviene mirar los incentivos. Cuando un país depende de sostener relaciones simultáneas con Estados Unidos y China, cada gesto diplomático se vuelve una prueba de fuerza.
Para Chile, el problema no es solo un embajador que habla demasiado, sino un Estado que debe demostrar que sus fronteras y su posición internacional no quedan al arbitrio de presiones externas. El dato importa más que el ruido: si el episodio escala, lo que estará en juego no será una frase, sino la autoridad efectiva del país para proteger su soberanía sin cerrar la puerta a las inversiones ni a un orden internacional más estable.

