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Metro de Bogotá entra en su recta final crítica y Galán exige más ritmo al consorcio

La obra marca 82,33 % de avance, pero el alcalde pidió reforzar personal en estaciones y acelerar frentes clave para llegar a septiembre de 2027. El dato importa más que el ruido: el cronograma solo valdrá si la coordinación acompaña.
Las Américaslunes 5 de octubre de 2026

La Primera Línea del Metro de Bogotá entró, según Carlos Fernando Galán, en una etapa «crítica». La expresión no es menor. Resume el tramo en el que ya no basta con mostrar avances parciales; ahora importa que viaducto, trenes, estaciones y sistemas trabajen como un solo proyecto.

Galán dijo que la obra avanza dentro de los márgenes previstos. Pero también admitió que hay frentes que requieren más velocidad para evitar complicaciones. Señaló en particular las estaciones, el espacio público y algunos sistemas de comunicación.

Por eso pidió al concesionario Metro Línea 1 reforzar el personal disponible. Su frase fue directa: «Tiene que ponerse las pilas». También precisó que la prioridad es poner más personal en estaciones.

La meta oficial sigue siendo ambiciosa. Galán dijo que la construcción debería terminar en septiembre de 2027, cuando comenzaría la llamada marcha blanca, es decir, la etapa de pruebas integrales antes de la operación comercial. La Alcaldía mantiene marzo de 2028 como fecha prevista para que los ciudadanos puedan usar el Metro.

El alcalde añadió que el viaducto debería quedar terminado aproximadamente entre enero y febrero de 2027. Según dijo, los trenes avanzan de acuerdo con lo previsto y buena parte de la flota ya está en Bogotá.

Con corte al 31 de agosto, el proyecto registraba 82,33 % de avance, más de 18 kilómetros de viaducto construidos y 19 de los 30 trenes en Bogotá, según información publicada por el Distrito. Son cifras significativas. Pero también explican por qué el margen de error se estrecha en esta fase.

La propia lógica de una obra de esta escala castiga la dispersión. Cuando el aparato estatal y el concesionario entran en la recta final, el incentivo correcto no es celebrar porcentajes, sino cerrar vacíos de coordinación. Conviene mirar los incentivos. Si estaciones, comunicación y espacio público se rezagan, el costo no será solo operativo. Lo pagarán los contribuyentes con más demora y más fricción administrativa.

En esa medida, la advertencia de Galán tiene un valor político y práctico. Político, porque fija responsabilidad sobre un tramo decisivo. Práctico, porque recuerda que una infraestructura no se mide por el avance de una sola parte, sino por la capacidad de integrar todas sus piezas a tiempo.

La discusión, entonces, ya no es si el Metro avanzó. Eso está documentado. La pregunta real es si el proyecto logrará llegar completo y coordinado a septiembre de 2027. En obras públicas, como en cualquier inversión grande, el mercado premiaría la ejecución y castigaría el retraso. El Estado debería tomar nota.

Para Bogotá, el éxito no será un comunicado ni una foto de obra. Será abrir un sistema funcional en la fecha prometida. Si eso ocurre, habrá ganado la ciudad. Si no, habrá perdido tiempo, recursos y credibilidad institucional.

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