El programa de este miércoles de MasterChef Celebrity incorporó un desafío poco habitual: la mitad de los participantes tuvo que cocinar colgada de un arnés. La consigna fue anunciada por Maru Botana, quien explicó que las duplas no las elegiría el jurado, sino Hernán de Mala Fama, beneficiado con la medalla plateada en la ronda anterior.
De ese modo, el músico formó equipos con Pablo Migliore, mientras el resto quedó repartido entre Luciana Geuna y Edith Hermida, Rocío Robles y la China Ansa, Luck Ra y Juli Poggio, Martita Fort y Morena Beltrán, y Paula Trápani y Nazareno Casero. Germán Martitegui les pidió preparar una tortilla de papas con guarnición, con solo tres minutos para ir al mercado a buscar ingredientes y 60 minutos para cocinar.
Damián Betular completó la instrucción con una condición extrema: los participantes debían turnarse para colgarse y cocinar suspendidos. La dinámica incluyó tres cambios de posición marcados por una chicharra, y obligó a los concursantes a pelar, cortar y cocinar en el aire, con un arnés que se balanceaba como una hamaca.
La escena fue tan física como televisiva. Ansa se movió con dificultad hasta que Robles la sostuvo con su cuerpo; Geuna dijo que rebanar papas colgada era peligroso y cedió esa tarea a Hermida. En el tercer turno, el beneficio de Hernán de Mala Fama permitió que ninguno de los dos integrantes de su dupla subiera al arnés y ambos cocinaran de pie.
Entre los momentos más comentados estuvo la reacción de Juli Poggio, que dijo «me re divierte» al quedar suspendida en el aire y luego hizo una performance improvisada a pedido de Wanda Nara. El programa, así, siguió su lógica habitual: convertir cada prueba en una pieza de espectáculo.
La tensión subió recién cuando Ansa pasó al frente junto con Robles. Consultada por Nara sobre si la había pasado mejor cocinando con Rocío o con Elizabeth Vernaci, la panelista respondió que con ambas. Ante una nueva pregunta de la conductora —«Si estás en el medio de mar y tenés solo un salvavidas, ¿a quién salvás?»—, insistió en que salvaría a las dos. Fue entonces cuando Nara lanzó: «¡Tenías que ser china para mentir así!», en una referencia que el propio estudio tomó como un exabrupto. Después, la conductora preguntó: «¿Lo dije o lo pensé?».
En la evaluación culinaria, el jurado se concentró en la tortilla y las guarniciones. Casero y Trápani recibieron comentarios mixtos: Betular destacó el punto de cocción y Botana habló de una tortilla «fit», simple, con buen sabor. Poggio y Luck Ra, por su parte, obtuvieron elogios por el trabajo en equipo y por una ensalada tabule reversionada que Martitegui calificó de espectacular.
Ansa y Robles presentaron una tortilla rellena de chorizo colorado y muzzarella con ensalada y vinagreta cítrica. Betular observó que la cara apoyada en el plato parecía quemada, aunque luego Martitegui comprobó que no era así. Al probar la ensalada, el jurado se detuvo en la escarola mal cortada y la naranja, y Martitegui se negó a degustarla.
Botana sí la probó y aconsejó pelar la naranja a vivo para evitar el hollejo. Más tarde, Fort y Beltrán presentaron otra variante de tortilla rellena, con tomates secos, jamón crudo y champiñón, acompañada por una ensalada con peras, cebollas caramelizadas, nueces, rúcula y queso azul.
La emisión dejó una impresión clara: la cocina quedó en segundo plano frente a una escenografía de riesgo, humor y frases diseñadas para circular. Conviene mirar los incentivos. Cuando un formato premia el sobresalto, el jurado termina evaluando tanto la receta como el espectáculo.
Eso no es un detalle menor. La televisión comercial sabe que el ruido retiene audiencia, pero también empuja a que la competencia culinaria se parezca cada vez más a una prueba de resistencia. El dato importa más que el ruido: en esta clase de programas, la atención manda, y la técnica cocina a fuego lento mientras el show sube la temperatura.


