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Más de 40 buques cruzan Ormuz en un día y Washington desafía la presión de Irán

Estados Unidos dice que el estrecho sigue abierto al tráfico comercial pese a ataques y restricciones atribuidos a la Guardia Revolucionaria. El control de una vía crítica vuelve a medirse por la seguridad del comercio, no por la propaganda.
Imagen generada con IA
Internacionalviernes 16 de octubre de 2026

Estados Unidos aseguró que más de 40 buques comerciales transitaron durante el último día por el estrecho de Ormuz pese a las restricciones y ataques atribuidos a Irán en la zona.

El Mando Central de Estados Unidos, CENTCOM, señaló que el buque de bandera singapurense «GFS Pride» fue alcanzado por un proyectil de la Guardia Revolucionaria. Antes, el organismo había afirmado que el navío se hundió tras chocar con una mina naval. Después añadió que «el buque se hundió cuando era remolcado hacia la costa».

CENTCOM dijo además que «a pesar del ataque, los buques comerciales siguen transitando por el estrecho de Ormuz, cuyas rutas principales permanecen libres de minas; más de 40 barcos han navegado por la zona en las últimas 24 horas».

En el mismo mensaje, el mando estadounidense negó las afirmaciones de Teherán sobre su control de esta vía estratégica y sostuvo que «Estados Unidos y sus socios regionales controlan el estrecho, mientras los buques comerciales continúan transitando por él a pesar de la agresión injustificada de la Guardia Revolucionaria».

El dato importa más que el ruido. Ormuz no es una abstracción diplomática: es una arteria del comercio mundial y, por tanto, un termómetro de capacidad estatal, disuasión y riesgo para los intercambios. Si más de 40 buques pueden cruzar en 24 horas, la señal inmediata es que la economía real sigue imponiéndose sobre la narrativa de bloqueo.

Conviene mirar los incentivos. Irán busca proyectar control sobre una vía estratégica; Washington insiste en que ese control no existe y que sus socios mantienen abiertas las rutas principales. En esa pulseada, lo que está en juego no es solo prestigio militar, sino la seguridad de los bienes que dependen de un estrecho cuya interrupción encarecería el comercio y castigaría a consumidores y empresas lejos del Golfo.

La historia sugiere cautela. Mientras los gobiernos intercambian versiones, el mercado juzga por una variable más simple: si los barcos pasan, la presión no se ha convertido todavía en cierre efectivo. Y eso obliga a medir el episodio por su impacto sobre el orden internacional y la libertad de tránsito, no por la retórica de los comunicados.

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