La Hidrológica Venezolana y el Ministerio de Aguas anunciaron que el servicio de agua será intermitente durante 48 horas por un mantenimiento programado en el Sistema Tuy III. Los trabajos comenzarán en la madrugada de este domingo y se extenderán por ese lapso.
Según la publicación difundida en redes sociales, las labores buscan optimizar el suministro a Caracas, La Guaira y Miranda. Las autoridades pidieron paciencia a los venezolanos, que ya enfrentan fallas en el servicio.
El contexto es conocido y ayuda a medir la magnitud del problema. La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025, realizada por el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Universidad Católica Andrés Bello (IIES-UCAB), señala que solo el 19% de los hogares venezolanos recibe un servicio de agua realmente óptimo, es decir, diario y continuo.
Además, la misma investigación indica que en el país 78% del suministro de agua es por tubería; el resto de la población debe resolver por otras vías, como camiones cisterna, pozos o agua de lluvia. En esas condiciones, cualquier interrupción programada no es un simple trámite técnico: golpea una red ya exhausta y traslada el costo a los hogares, que dependen de un sistema débil para algo tan básico como abrir una llave y encontrar agua.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una infraestructura esencial opera con cortes, mantenimiento y promesas de optimización, el debate no debería quedarse en el comunicado oficial. La pregunta de fondo es por qué el aparato estatal sigue administrando un servicio cuya continuidad, calidad y alcance aparecen tan lejos de lo mínimo aceptable. El dato importa más que el ruido.
Para Caracas, La Guaira y Miranda, la intermitencia durante 48 horas será una prueba adicional de resistencia para familias y comercios. Para el país, es otro recordatorio de que la precariedad de los servicios públicos no se corrige con anuncios, sino con gestión, inversión y rendición de cuentas. La historia sugiere cautela.


