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Luis Novaresio publica una novela sobre el amor, los pactos y la Buenos Aires de hoy

La vida que importa, su segunda ficción, pone en escena deseo, lealtades y eutanasia en una ciudad reconocible. Novaresio rechaza la etiqueta progresista y dice que el prejuicio ha sido un motor en su carrera.
Culturaviernes 9 de octubre de 2026

Luis Novaresio presenta La vida que importa, su segunda novela, publicada por Planeta, con Buenos Aires como escenario central y una trama que combina amores, amistad, deseo y una acusación de homicidio. La obra sigue a un grupo de amigos adultos que se conocen en un curso de filosofía y terminan arrastrados por pactos amorosos, vínculos emocionales y una historia de suspenso.

La novela retoma y amplía el universo de Todo por amor, pero no todo. Su protagonista, Uno, es un hombre de mediana edad envuelto en una relación homosexual triangular. A su alrededor aparece Berta Orlás, profesora de filosofía y catedrática irónica y original, que pasa de ser admirada a ser acusada de haber asesinado a su esposo con la llamada «píldora del día final». Novaresio también incluye una ejecutiva que oculta un secreto, una pareja que defiende la familia tradicional mientras mira con curiosidad a los demás, y un hombre que asume la paternidad por subrogación.

El autor dijo que eligió deliberadamente ambientar la historia en la Buenos Aires contemporánea porque cree que no hay tanta novela urbana sobre esa ciudad de hoy. «Yo tenía ganas de escribir personajes muy actuales, próximos, personajes que yo conocí», explicó. Agregó que le interesaba contar «el recorte de las relaciones, de la noche, de los temas que se discuten» en el presente.

Entre esos temas aparece la eutanasia, un asunto que, según Novaresio, lo atrapó gracias a Uruguay. Señaló que ese país tiene sancionada la ley «desde el año pasado» y que siguió «con mucha atención el debate parlamentario». Dijo además que le pareció «una deuda legislativa argentina». En la trama, la profesora de filosofía aparece acusada de haber matado a su esposo con la «píldora del día final», y el escritor afirmó que descubrió que existe y que es «bastante menos difícil de conseguir en Buenos Aires de lo que uno imagina».

La sexualidad ocupa un lugar explícito en la novela. Novaresio dijo que le parecía que no hay mucha literatura argentina de ficción sobre historias de amor gay y que decidió ir «a fondo». También sostuvo que esas historias cuestionan el amor monogámico y plantean que el amor no está indisolublemente unido con el deseo físico. «Hay escenas que se podían sugerir. Yo no quise sugerirlas, quise escribirlas explícitamente», afirmó.

Consultado por el posible sesgo autobiográfico, negó que se trate de autoficción. Explicó que en todos los personajes hay algo de su mirada, pero que hizo un esfuerzo por construir figuras distintas y sin juzgarlas. Sobre Berta Orlás, dijo que es el personaje que más cerca siente de sí mismo, aunque aclaró: «No soy ni Berta ni profesor de filosofía».

También habló de su relación con el prejuicio. Dijo que se formó en Rosario como abogado porque la carrera de comunicación estaba cerrada, que es hijo de un metalúrgico y de un ama de casa, y que el prejuicio lo acompañó cuando estudió, cuando ejerció, cuando entró al periodismo y cuando empezó a escribir. «A mí el prejuicio me ha funcionado como un gran anabólico para tratar de derribarlo», afirmó. Añadió que «el progresismo como etiqueta me dice bastante poco».

Más allá del circuito cultural, la novedad deja una lectura más amplia sobre el tipo de historias que hoy logra instalar un autor en la esfera pública. Conviene mirar los incentivos: cuando la novela vuelve sobre la familia, el deseo, la eutanasia y la paternidad por subrogación, no solo busca atraer lectores, sino también discutir el clima moral de la época.

En ese sentido, el dato importa más que el ruido. La obra coloca en primer plano los vínculos, la libertad personal y los dilemas que atraviesan a adultos concretos, lejos de consignas. Para una cultura que a menudo premia la pose antes que la conversación seria, Novaresio intenta hacer algo menos cómodo y más útil: narrar sin pedir permiso.

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