Los Verdes británicos aprobaron en su conferencia anual en Brighton una moción que declara que el sionismo debe ser «tratado como cualquier otra forma de racismo», con 1.022 votos a favor y 813 en contra.
La resolución fue presentada por el grupo Greens for Palestine y, según la Times of London, pasó a formar parte de la política oficial del partido. También sostuvo que el sionismo está «basado en sistemas coloniales de dominación y opresión de colonos europeos» y que ha creado jerarquías raciales entre judíos de distintas etnias en Palestina.
La votación no se limitó a esa formulación. Los militantes rechazaron una enmienda que habría creado una excepción para miembros judíos que asisten a sinagogas u otras instituciones que defienden el sionismo. En la práctica, eso dejó abierta la posibilidad de que miembros judíos puedan ser reportados a la dirección si practican su fe de esa manera, según el planteamiento descrito en la moción.
También fue rechazada otra enmienda que buscaba eliminar la referencia a un «único Estado palestino». Esa redacción fue incluida junto con un llamado a la liberación del pueblo palestino y a la creación de un «single democratic Palestinian state in all of historic Palestine, with Jerusalem as its capital», según la versión recogida por el New York Post.
La reacción dentro del propio partido fue de división. Caroline Lucas dijo que tenía «serias preocupaciones» por la moción y advirtió que existe un «riesgo real» de que sea divisiva y de que pueda interpretarse como una señal de que los judíos no son bienvenidos en el partido. Shahrar Ali, por su parte, dijo que era «un día muy triste» y afirmó que la decisión había convertido a los Verdes en el primer partido abiertamente antisemita del Reino Unido.
Un portavoz del partido defendió la votación como parte de un debate «serio y profundamente sentido» dentro de la militancia. Añadió que el partido es «anti-racista», que se ha opuesto a la «ocupación ilegal» de tierra palestina y siria, que ha pedido el fin de las ventas de armas al gobierno israelí y que ha hablado sobre Gaza y Cisjordania.
Conviene mirar los incentivos. Cuando una formación política adopta una postura tan cargada sobre Israel, no solo redefine su posición internacional; también fija el terreno de su convivencia interna. Si la barrera entre crítica política y exclusión identitaria se vuelve difusa, el costo no es abstracto: lo pagan primero sus propios afiliados.
El dato importa más que el ruido. Los Verdes eligieron una línea maximalista en un tema que ya divide a sus votantes y a sus militantes. En términos de instituciones, eso puede satisfacer a una base activista; en términos de orden político, abre una disputa sobre si el partido conserva espacio para minorías que no acepten esa lectura del conflicto.

