Leila Guerriero es una de las finalistas de la primera edición del Premio PEN–Inge Feltrinelli «Escritura como resistencia», ideado por PEN Internacional y la Fundación Feltrinelli. El reconocimiento distingue la trayectoria de escritores y periodistas que usan la literatura para desafiar la opresión y defender los derechos humanos.
La lista reúne a autores internacionales que, en varios casos, han sufrido censura, persecución o exilio forzado. Incluye una candidatura colectiva de cuatro escritores y periodistas eritreos que permanecen incomunicados desde 2001, al cumplirse el 25° aniversario de su detención y desaparición, además de la autora nicaragüense Gioconda Belli. El ganador se anunciará en BookCity Milano, que se celebrará del 23 al 29 de noviembre.
El jurado está integrado por Burhan Sonmez, presidente de PEN International; Tanja Tuma, que preside PEN Eslovenia y el consejo de PEN International; Kim Echlin, miembro del consejo de PEN International; Andrea Bajani, ganador del Premio Strega 2025 con la novela El aniversario; Paolo Giordano, ganador del Strega en 2008 con La soledad de los números primos y miembro de PEN Roma; y Widad Tamimi, fundadora de la asociación civil Ioien.
En la lista también figuran, entre otros, Amanuel Asrat, Dawit Isaak, Idris dijo «Abu are» y Fessehaye «Joshua» Yohannes; Belli, despojada de su nacionalidad por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo; Aziz Isa Elkun, exiliado de China por la persecución política; Samay Hamed, crítico del régimen talibán y director ejecutivo de PEN Afganistán; Miguel Ángel Oxlaj Cúmez, poeta, traductor y gestor cultural del pueblo maya kaqchikel; Andréi Kurkov, declarado «persona non grata» en la Rusia putiniana; Yavuz Ekinci, procesado en Turquía por escribir sobre temas controvertidos; y Zukiswa Wanner, que formó parte de la flotilla global Sumud.
Guerriero se enteró de la nominación al ser consultada por LA NACION. Dijo: «Me gusta esta línea que habla del sentido del premio: ‘Es vital proteger y celebrar a aquellos escritores que se atreven a resistir, creando espacios donde la escritura pueda prosperar y donde las palabras tengan el poder de desafiar, provocar e inspirar. Al hacerlo, defendemos más que individuos: defendemos los principios de pensamiento libre, diálogo abierto y la dignidad humana misma’. Desafiar, provocar e inspirar me parecen tres verbos del lado bueno de la fuerza. Por eso mismo, y más allá de la alegría que siempre produce estar nominada a un premio, gane quien gane es un pasito adelante para todas esas cosas que el premio quiere defender».
Este año, la escritora argentina recibió el Premio Maria Moors Cabot de periodismo internacional y el Premio Strega Europeo por La llamada. Un retrato. También es presentada como periodista, escritora y editora argentina, «ampliamente reconocida como una de las voces principales del periodismo narrativo contemporáneo en español».
Durante más de tres décadas, documentó «las transformaciones políticas, sociales y culturales de América Latina», según la presentación del premio, que añade que su trabajo ha servido para preservar la memoria, desafiar narrativas dominantes y defender la dignidad humana. También se destaca su contribución al desarrollo del periodismo narrativo en América Latina a través de la docencia y su labor como editora, mentora e instructora en la Fundación Gabo.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un premio internacional pone en primer plano la censura, la persecución y el exilio, también expone el costo político de atacar la libertad de expresión. No hay progreso cultural donde el poder pretende disciplinar la palabra.
La señal es clara para cualquier sociedad que valore instituciones abiertas: proteger a quienes escriben no es una causa ornamental, sino una defensa de la dignidad humana y del debate público. En tiempos de pulsiones autoritarias, la libertad para narrar, disentir y provocar sigue siendo una línea de defensa básica contra el abuso del aparato estatal.


