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Khanna y la trampa del voto antiisraelí: el congresista californiano enfrenta a sus propios aliados

El representante demócrata por California intentó construir una plataforma presidencial para 2028 sobre la base del activismo antiisraelí. Una entrevista con un medio de la izquierda radical le mostró adónde lleva ese camino.
Imagen generada con IA
Líderesjueves 16 de julio de 2026

El representante Ro Khanna (D-California) viajó a Cisjordania el 9 de julio de 2026 en lo que críticos describieron como una maniobra de perfil político, y días después se sentó a conversar con Jeremy Scahill, Ryan Grim y Maysa Mustafa del medio Drop Site News —financiado, según la fuente, por la familia Soros— en un intercambio que terminó por exponer las contradicciones de su posicionamiento.

La conversación se deterioró en segundos. Scahill, lejos de celebrar las posiciones de Khanna, lo atacó por no haber hecho suficiente para impedir que Israel utilizara la tecnología del sistema de defensa antimisiles Iron Dome. «Básicamente lo que estás defendiendo equivale a asegurarse de que el francotirador esté protegido para que pueda seguir disparando», dijo Scahill, según la transcripción recogida por la fuente.

El congresista ya se opone al financiamiento estadounidense del Iron Dome, pero eso no fue suficiente para su interlocutor. A continuación, Scahill preguntó directamente si los atacantes del 7 de octubre de 2023 tenían derecho a matar soldados israelíes, intentando enmarcar la masacre como una operación contra objetivos militares. Khanna respondió con visible incomodidad: «Creo que el ataque del 7 de octubre fue un ataque terrorista. Así que no lo justifico...». Scahill lo interrumpió antes de que pudiera terminar.

El episodio ilumina una apuesta política de alto riesgo. Khanna, que no ha anunciado formalmente su candidatura, habría calculado que el descontento con Israel dentro de ciertos sectores del Partido Demócrata podía convertirse en combustible electoral para 2028. La lógica no era del todo infundada: candidatos con posiciones similares han ganado primarias locales en Maine y la ciudad de Nueva York, según la misma fuente.

Pero la escala importa. Lo que funciona en distritos de alta concentración universitaria y baja participación no necesariamente se traslada a una elección presidencial, donde el electorado mediano tiene coordenadas muy distintas. La imagen de un congresista siendo presionado para no condenar el 7 de octubre es exactamente el tipo de material que define candidaturas en sentido negativo ante ese electorado más amplio.

Conviene mirar los incentivos. Khanna construyó su perfil sobre la crítica a Israel con la expectativa de que ese movimiento era amplio, moderado y orientado a la paz. La entrevista con Drop Site News sugiere que una parte significativa de su base de apoyo tiene objetivos distintos y más radicales, incompatibles con cualquier candidatura viable a nivel nacional. El congresista quedó atrapado entre no querer condenar a quienes lo apoyan y no poder asumir públicamente sus posiciones.

El dato importa más que el ruido. La frustración con la conducción del gobierno israelí puede ser real y extendida en sectores del electorado demócrata. Pero de esa frustración a avalar la narrativa que relativiza el 7 de octubre hay una distancia que la mayoría de los votantes no está dispuesta a cruzar. Khanna apostó a que podía recorrer ese tramo sin que nadie lo notara. La entrevista demostró que no.

La historia sugiere cautela ante los cálculos que confunden la intensidad de una minoría activista con la amplitud de un movimiento electoral. Khanna no es el primero en cometer ese error, y probablemente no será el último.

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