Keum Suk Gendry-Kim, autora coreana de Hierba, será una de las invitadas de la Fiesta del Libro y la Cultura 2026. La obra, publicada por primera vez en 2017 en coreano, fue traducida a 14 idiomas, entre ellos el español, al que llegó en 2022 de la mano de Reservoir Books, sello de Penguin Random House.
Hierba narra la historia de Lee Ok-Sun, quien, según el relato publicado, fue violada durante tres años por cientos de hombres. Tenía 16 años cuando, en 1942, fue raptada y encerrada en una casa de paredes de barro donde, junto a decenas de niñas y jóvenes, fue obligada a complacer a todo aquel que se creyera con derecho a poseerlas.
A las mujeres que vivieron lo mismo que Lee se les conoció como «mujeres de consuelo». Según el texto, algunos historiadores dicen que pudieron haber sido hasta 400.000. Fueron obligadas a permanecer en las llamadas «estaciones de consuelo», campos de explotación sexual para las tropas japonesas que funcionaron durante la ocupación de Corea por parte del ejército japonés en la Segunda Guerra Mundial.
La propia Gendry-Kim dijo que, para hacer el libro, leyó muchos testimonios y libros sobre esa época, entrevistó a la protagonista y a otras personas relacionadas con este tema, y fue a los lugares donde vivían las señoras y las abuelas para «sentir» cómo se sintieron ellas en las estaciones. También afirmó que su intención era contar la vida de una mujer coreana de una manera universal, sin reducir la obra a un problema entre Japón y Corea.
La autora dijo que en Corea no tenía preguntas sobre su identidad, pero que en Francia comenzó a cuestionarse quién era. También sostuvo que le interesa más trabajar con personas reales que con ficción, porque eso le permite experimentar múltiples sentimientos y aprender sobre la vida, la muerte y lo humano.
Conviene mirar los incentivos. Que una historia de violencia sexual en guerra llegue a 14 idiomas y reciba reconocimientos de medios como The New York Times y The Guardian dice algo sobre la demanda global de relatos que no embellecen el poder ni borran a las víctimas. El mercado cultural, cuando funciona, también puede amplificar memoria y verdad.
Pero el dato central sigue siendo el mismo: detrás de la celebración literaria hay un episodio de explotación sexual masiva que el orden internacional no logró impedir. La memoria no repara por sí sola, pero sí fija un límite moral a la impunidad. Y en tiempos de guerra, ese límite suele ser el primero en romperse.


