La docente y comunicadora dominicana Joheirry Mola ganó este sábado en Nha Trang, Vietnam, la corona de Miss Mundo 2026, al vencer en la final a la española Elisabeth Reynés. La gala se celebró en una plaza pública durante cinco horas y sufrió retrasos por precipitaciones que obligaron a los asistentes a resguardarse.
Mola, de 24 años, fue la única entre 111 candidatas que pronunció palabras en español durante la ceremonia. En la pregunta final defendió la enseñanza del inglés en las escuelas como vía para ampliar oportunidades de aprendizaje y comunicación con el mundo.
La dominicana llegó a la final tras clasificarse entre las 40 semifinalistas en las competencias preliminares, que arrancaron la segunda semana de agosto. Se impuso en el reto de pasarela de la categoría regional de Américas y el Caribe, donde compitió con las representantes de México, Colombia, Argentina y Venezuela, entre otras.
En la noche final, transmitida en directo a decenas de países, avanzó sin contratiempos a medida que el grupo se reducía a veinte, doce y finalmente seis finalistas. En ese último grupo también estuvieron las representantes de Malasia, Sudáfrica, Vietnam, Eritrea y España, que obtuvo el segundo puesto y el título de reina continental para Europa.
La tailandesa Opal Suchata Chuangsri, ganadora del certamen en mayo de 2025 en India, entregó la corona a la nueva reina. Minutos antes, los organizadores anunciaron que la edición número 74 del concurso se realizará en Tanzania, en septiembre de 2027.
El Miss Mundo divide a las aspirantes en cuatro grupos según su procedencia —Asia y Oceanía, Américas y Caribe, Europa y África— para garantizar representación igualitaria entre las 40 clasificadas. A diferencia del estadounidense Miss Universo, el certamen de origen británico no incluye desfile en traje de baño y ha dado cada vez más espacio a que las candidatas hablen sobre causas sociales y temas de actualidad.
Conviene mirar los incentivos detrás de este giro. Miss Mundo compite en un mercado de certámenes de belleza cada vez más fragmentado, donde el formato tradicional de traje de baño perdió atractivo comercial frente a un público que demanda otro tipo de narrativa. La apuesta por el discurso social no es solo un gesto cultural: es una respuesta de mercado a audiencias que premian marca personal y causa antes que exhibición física.
Para República Dominicana, la corona funciona también como activo de marca país. Los certámenes de belleza siguen siendo, pese al escepticismo que generan en ciertos círculos, una herramienta de proyección internacional barata y de alto alcance mediático, algo que gobiernos y sectores turísticos de la región han sabido explotar sin necesidad de subsidios estatales. El dato importa más que el ruido: una docente logró, con una intervención sobre educación bilingüe, capitalizar cinco meses de competencias regionales frente a candidatas de economías mucho mayores. La historia sugiere que en este tipo de plataformas, el mérito individual todavía pesa más que el tamaño del país que se representa.



