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Israel vota con el costo de la guerra y el legado de Netanyahu en juego

La elección del 27 de octubre enfrenta al primer ministro con el juicio político sobre el 7 de octubre y con el balance de años de guerra. Conviene mirar los incentivos: también está en disputa quién capitaliza una economía de libre mercado y una potencia militar regional.
Imagen generada con IA
Internacionallunes 12 de octubre de 2026

TEL AVIV, Israel: Israel celebrará elecciones nacionales el 27 de octubre por primera vez desde la masacre del 7 de octubre de 2023 cometida por Hamas y las guerras que siguieron. En ese contexto, el largo recorrido político de Benjamin Netanyahu y su legado vuelven a situarse en el centro de una votación que algunos describen como la más decisiva de la historia del país.

Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha permanecido en el cargo, ha supervisado la transformación de Israel en una economía de libre mercado, de alta tecnología, y en una potencia militar regional. Esa doble carta —crecimiento y fuerza— es parte de lo que defenderá ante un electorado que también carga con la memoria del 7 de octubre.

Zvika Klein, editor jefe de The Jerusalem Post, dijo a Fox News Digital que quienes tienen menos de 20 años «ni siquiera conocen un Israel sin él como primer ministro», salvo el breve periodo entre 2021 y 2022, cuando gobernó una administración encabezada por Naftali Bennett y Yair Lapid. Ambos vuelven a competir en una lista conjunta en los próximos comicios.

Gadi Taub, copresentador del pódcast «Israel Update» de Tablet, sostuvo que los votantes tendrán una pregunta central al acudir a las urnas: quién está mejor posicionado para continuar la obra iniciada bajo Netanyahu, sobre todo la prosecución de las guerras que, en gran medida, desmantelaron el eje chiita liderado por Irán alrededor de Israel.

Taub dijo que «el trabajo no ha terminado» y añadió que Netanyahu afirmó desde el primer momento, dos días después del 7 de octubre, que Israel iba a cambiar Oriente Medio. Esa promesa, más que una consigna, funciona como una prueba de resultados en una campaña marcada por la seguridad y la guerra.

Eylon Levy, ex portavoz del Estado de Israel, dijo a Fox News Digital que la elección representa para muchos israelíes una oportunidad crítica para cambiar de rumbo tras lo que describió como el mayor desastre del país. Según Levy, Netanyahu, que ha acumulado cerca de dos décadas en el poder, compite por su futuro político y por su legado.

Levy afirmó que Netanyahu no quiere pasar a la historia como el dirigente bajo cuyo mandato ocurrió la masacre del 7 de octubre y que busca capitalizar los logros militares de los últimos años como prueba de su liderazgo. También dijo que esta es una elección cargada de enojo por la responsabilidad de la masacre y por el costo social y económico de sostener la guerra desde entonces.

Pocas encuestas proyectan una mayoría para cualquiera de los bandos, lo que deja abierta una nueva ronda de negociaciones y de cálculo político. En un país donde la seguridad y la prosperidad han quedado entrelazadas, el voto no solo decidirá quién manda: también definirá qué peso tienen la libertad económica, el orden y la continuidad estratégica frente al desgaste de la guerra.

Para el lector de libre mercado, el punto es claro. Cuando una nación ha levantado una economía dinámica y una capacidad militar notable, el verdadero examen no es el eslogan sino la preservación de las instituciones que sostienen ambos logros. La historia sugiere cautela: el costo político de la guerra puede borrar rápidamente los dividendos de años de crecimiento si el electorado concluye que el Estado falló en su misión más básica, que es proteger a sus ciudadanos.

También importa el mensaje a la región. Si Netanyahu retiene influencia, el voto puede leerse como una ratificación de una estrategia de fuerza frente a adversarios armados por Irán. Si pierde terreno, el centro de gravedad político podría desplazarse hacia una revisión más dura de las responsabilidades del 7 de octubre y del precio que ha pagado la sociedad israelí. El dato importa más que el ruido.

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