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Irán y Estados Unidos miden costos en Ormuz mientras la guerra encarece el petróleo

Teherán dice que responderá a la propuesta de Washington «en unos días» y mantiene abiertas las conversaciones por intermediarios. En el fondo, el pulso por Ormuz revela cuánto vale para cada bando el control de una ruta que mueve petróleo y presión geopolítica.
Internacionaljueves 8 de octubre de 2026

El ministro iraní de Exteriores, Abás Araqchí, afirmó que su país responderá «en unos días» a la última propuesta de Estados Unidos para poner fin a la guerra. También sostuvo que los contactos entre ambas partes continúan a través de intermediarios.

Araqchí dijo que recibió la propuesta estadounidense a finales de septiembre y que Irán entregó antes a Washington un plan bautizado como «Plan de siete días para detener las hostilidades» y reabrir el estrecho de Ormuz. Según el ministro, Washington rechazó ese plan y respondió con una propuesta propia, que Teherán analiza ahora.

El jefe de la diplomacia iraní añadió que el proceso de negociación sigue mediante intermediarios. Irán exige el cese de las hostilidades en todo Medio Oriente y la liberación de fondos congelados de Teherán en terceros países, entre otras medidas, para poner fin a la guerra que comenzó el 28 de febrero y reabrir Ormuz.

La coyuntura naval añade urgencia. Según la agencia de Operaciones de Comercio Marítimo de Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés), diez buques cisterna fueron atacados en Ormuz entre el 28 de septiembre y el 4 de octubre. Un informe enviado este jueves a EFE por la consultora Kpler señala que esa cifra semanal fue la más alta registrada este año. Además, los ataques no han cesado en los últimos días, con cuatro más contabilizados en Ormuz desde el 4 de octubre.

La tensión no es menor porque el estrecho de Ormuz es una vía estratégica. Antes de la guerra, por allí transitaba el 20 % del petróleo mundial. La nota señala que el tránsito de petróleo por esta ruta cayó un 27 % desde el máximo alcanzado durante la guerra de Irán.

Irán y Estados Unidos mantienen un pulso por el control del estrecho. Teherán lo bloqueó tras el comienzo de la guerra el 28 de febrero y lo ha convertido en principal medida de presión en el conflicto con la paralización de las exportaciones de petróleo. A la vez, Estados Unidos ha logrado restablecer parte del tráfico marítimo a través del estrecho por una ruta meridional cercana a Omán.

Lo importante no es solo si habrá una respuesta «en unos días», sino qué incentivos tiene cada capital para seguir tensando la cuerda. Cuando una ruta que mueve una quinta parte del petróleo mundial entra en zona roja, el costo deja de ser diplomático y pasa a ser económico. El dato importa más que el ruido.

Para Teherán, Ormuz sigue siendo una palanca de presión. Para Washington, sostener el tránsito marítimo reduce el impacto sobre el comercio y el mercado energético. Entre ambos, el precio lo pagan la seguridad de las rutas, la estabilidad de los flujos petroleros y, al final, los consumidores que absorben las distorsiones de una guerra prolongada.

La historia sugiere cautela: las negociaciones por intermediarios pueden mantener abierto el canal político, pero no sustituyen decisiones verificables. Mientras no haya un acuerdo, el estrecho seguirá recordando una verdad básica de la geopolítica: cuando falla el orden internacional, el mercado lo nota primero.

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