México importó el año pasado 68 mil 69 millones de dólares en autopartes. La cifra da una medida clara de la dependencia que la industria automotriz todavía mantiene de proveedores externos.
La Industria Nacional de Autopartes y la Cadena de Valor para la Industria en México están identificando en qué áreas se pueden sustituir insumos, materiales o procesos que hoy provienen de otros países. La referencia inmediata es la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, T-MEC, donde se prevé que Estados Unidos exija un mayor contenido de piezas de Norteamérica en la fabricación de vehículos.
De acuerdo con la INA, 49.4% de esas importaciones vino de Estados Unidos. China aportó 18%; Japón, 7.5%; Corea, 6.5%; y Alemania, 6%.
Gabriel Padilla, director nacional de la INA, dijo que no se trata de sustituir los 68 mil millones de dólares en importaciones, sino de «identificar qué estamos importando, por qué lo importamos, si existe capacidad regional para producirlo, si se podría desarrollar en México, si hay volumen suficiente y si la logística es competitiva para hacer el traslado de materiales, insumos y producto terminado».
La lista de oportunidades que la INA ha detectado es amplia. Incluye materiales y química, como celdas, materiales activos, polímeros técnicos, adhesivos y recubrimientos. También electrónica, con sensores, módulos de poder y conectores. Y, en ingeniería y software, validación, simulación, ciberseguridad y analítica.
Padilla advirtió que «la exigencia de trazabilidad aumenta» y que en la revisión del tratado ese punto será fundamental para las empresas. Añadió que será cada vez más importante saber «quién me vende, sino qué contiene lo que compro, dónde se produjo, qué procesos se utilizó y cuál es el origen de sus componentes».
La INA destacó además que México es muy competitivo en la fabricación de autopartes eléctricas; transmisiones y embragues; telas, alfombras y asientos; partes de motor; y suspensión y dirección. Según Padilla, esos cinco grupos concentran 53% de la producción nacional de autopartes.
La conclusión de fondo es incómoda pero necesaria. México ya tiene escala y especialización en varias líneas, pero la siguiente etapa no puede limitarse a producir más de lo mismo. Si quiere capturar mayor valor, necesita más tecnología, más ingeniería y más procesos especializados. Conviene mirar los incentivos: cuando el tratado eleva las exigencias de contenido regional, la ventaja no está solo en ensamblar. Está en desarrollar capacidad productiva que hoy todavía se compra fuera.
René Mendoza, presidente de CAPIM, dijo que ya identificaron oportunidades para proveer a empresas automotrices en México no solo en piezas terminadas, sino en maquinado, estampado, fundición, inyección, soldadura y tratamientos especializados. También mencionó servicios indirectos de mantenimiento, herramentales, logística, empaque, automatización, seguridad y servicios para planta.
El dato importa más que el ruido. La revisión del T-MEC no es solo una negociación comercial. Es una prueba de si México puede convertir una obligación externa en una oportunidad interna para fortalecer su base industrial, reducir dependencias y ampliar el valor agregado que se queda en el país.



