Pete Hegseth sostuvo en Quantico que los recortes en la cúpula militar buscan centrar a las fuerzas armadas en la guerra y no en las políticas progresistas de gobiernos anteriores. En su discurso, ante oficiales subalternos y personal alistado, rechazó la idea de que el proceso sea una purga y lo llamó «rendición de cuentas».
Hegseth dijo que los altos mandos que «respondieron positivamente» a su mensaje anterior están ahora al frente de unidades «con un nuevo enfoque, empoderadas y disciplinadas», mientras que quienes no lo hicieron «ya no trabajan aquí». También resumió su criterio con una frase cargada de política: «ni gordos, ni trans, ni barbudos, ni raros, ni blandos, ni radicales. Solo guerreros, solo tropas aguerridas, listas y comprometidas».
El funcionario ya había advertido en enero de 2025, durante su audiencia de confirmación, que la burocracia del Pentágono estaba sobredimensionada en la cúpula y requería recortes. Meses después, según la cronología que citan las fuentes, anunció en mayo de 2025 una reducción que se dirigía a los oficiales que no se habían sumado a sus esfuerzos.
El antecedente político importa. Bajo el gobierno demócrata de Joe Biden, el Pentágono nombró a personas transgénero en varios altos cargos, entre ellas la almirante Rachel Levine, subsecretaria de Salud, y Shawn Kelly, que llegó a vicesecretaria de Defensa. Hegseth ha convertido ese historial en un blanco de su relato sobre una fuerza armada que, a su juicio, debe dejar atrás las ideas «woke».
Trump, por su parte, ha supervisado desde su regreso al cargo una serie de salidas en la cúpula militar. Entre los apartados figura el presidente del Estado Mayor Conjunto, el general Charles «CQ» Brown, destituido en febrero de 2025 sin explicación, según denuncian medios estadounidenses. También salieron los jefes del Ejército, la Armada y la Guardia Costera, el general que dirigía la Agencia de Seguridad Nacional, el vicejefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, un almirante asignado a la OTAN y tres principales asesores jurídicos militares.
Además, el jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea anunció su retiro sin explicación apenas dos años después de iniciar un mandato de cuatro años, y el comandante del Comando Sur se retiró un año después de asumir el cargo. Hegseth insiste en que el presidente solo elige a los líderes que quiere, pero legisladores demócratas han expresado preocupación por la posible «politización» de unas fuerzas armadas tradicionalmente neutrales.
La discusión va más allá de una limpieza administrativa. Cuando un aparato estatal redefine su mando con criterios de afinidad política, el mensaje hacia dentro es tan importante como la cadena de mando. El orden institucional se fortalece cuando la promoción premia competencia y obediencia a reglas, no identificación con una causa.
Conviene mirar los incentivos. Si la cúpula entiende que su permanencia depende de la adhesión ideológica, la institución corre el riesgo de volverse más disciplinada en el corto plazo, pero menos neutral en el largo. Y una fuerza armada politizada suele ser una mala noticia para el equilibrio entre poder civil, profesionalismo militar y control institucional.


