Heidi Levine, fotoperiodista independiente estadounidense del Washington Post, quedó hospitalizada tras ser golpeada por colonos israelíes mientras cubría la cosecha de aceitunas en Abu Falah, cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada.
Según dijo ella misma desde el hospital y denunció la Asociación de la Prensa Extranjera en Israel, además le robaron sus cámaras, pasaporte, teléfono y cartera.
La Oficina del primer ministro Benjamín Netanyahu puso en duda el episodio. En su comunicado habló de «interrogantes importantes» y sostuvo que no quedaba claro «quién inició la violencia». Añadió que los hechos «siguen sin estar claros y se encuentran bajo investigación» y que no permitirán que «incidentes controvertidos sean utilizados para demonizar a los cientos de miles de residentes judíos de Judea y Samaria», término oficial y bíblico que Israel usa para referirse a Cisjordania ocupada.
La versión de la escena, sin embargo, apunta en otra dirección. Levine fue golpeada mientras cubría la recolección de aceitunas. Jasper Nathaniel, periodista independiente estadounidense que también estaba presente, dijo a EFE que cerca de un centenar de palestinos recolectaba aceitunas cuando jóvenes de una colina próxima empezaron a «reunirse, enmascararse y agarrar bates».
Nathaniel relató que, alrededor de una hora después del inicio de la colecta, los colonos empezaron a lanzar piedras con hondas contra palestinos y activistas. Dijo también que los palestinos respondieron con algunas piedras para defenderse.
Después, según su relato, llegaron soldados y lanzaron gas lacrimógeno hacia su lado. Eso permitió a los colonos avanzar con respaldo del Ejército, afirmó. Agregó que detrás de los soldados apareció una camioneta blanca con colonos enmascarados y ametralladoras, que dispararon al aire y provocaron la huida de todos. Un parámedico de la Media Luna Roja Palestina confirmó a EFE que el Ejército disparó a un palestino en la pierna.
La oposición israelí aprovechó el caso para cargar contra Netanyahu. Yair Lapid dijo en X que los «ataques terroristas judíos», esta vez también contra la fotógrafa del Washington Post, no son «un fracaso del gobierno, sino su política». Aseguró además que Itamar Ben Gvir «los alienta» y que Netanyahu «lo sabe y guarda silencio».
Gadi Eisenkot, principal rival de Netanyahu en las elecciones del próximo día 27, respaldó la «clara e inequívoca condena» emitida por el Ejército y pidió a la Policía de Israel tomar «medidas enérgicas contra esta violencia criminal». Añadió que ese «puñado de alborotadores» no representa a la población de Israel, pero sí empaña la imagen del país y perjudica la seguridad de sus ciudadanos y de sus soldados.
La cosecha de aceituna se ha convertido en una de las escenas más tensas de Cisjordania ocupada. El texto disponible señala que la violencia e intimidación de los colonos es diaria allí, y que los ataques se han incrementado durante esta temporada, con al menos dos palestinos muertos desde octubre.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un gobierno pone en duda un ataque que terminó con una periodista hospitalizada, el costo político no es menor: erosiona la autoridad del Estado y deja espacio para que la violencia se normalice.
También hay un mensaje para el orden interno israelí. Si la ley queda subordinada a la protección política de los colonos, la seguridad deja de ser un principio y pasa a ser una disputa electoral. Eso perjudica la confianza, castiga a los civiles y debilita la credibilidad institucional en un territorio ya tensionado.

