Geely, el gigante chino propietario de Volvo, Zeekr y Lotus, regresó al mercado argentino el año pasado de la mano de Autos Sustentables del Sur y acaba de dar un paso que pocos esperaban: sumar un SUV compacto con motor naftero en lugar de seguir la ruta eléctrica que domina la narrativa del sector.
El modelo se llama Icon y será presentado oficialmente el 18 de agosto en Buenos Aires. En esta primera etapa llegarán 200 unidades, disponibles en tres colores —blanco, rosa pastel y gris— y distribuidas a través de las 19 concesionarias oficiales de la marca en el país.
El dato que define el lanzamiento es técnico y deliberado: bajo el capó, el Icon monta un motor 1.5 turbo de 177 CV asociado a una caja automática de doble embrague (DCT) de siete velocidades. Hasta ahora, Geely solo comercializaba en Argentina el EX5, un SUV 100% eléctrico. La llegada del Icon representa, por lo tanto, su primera apuesta de combustión desde el regreso al mercado local.
El SUV fue presentado a nivel global en 2020 y, hasta el momento, solo se comercializaba en mercados asiáticos. La versión que llegará a Argentina será la más equipada de la gama. El equipamiento incluye un paquete completo de asistencias avanzadas a la conducción (ADAS) y una pantalla multimedia de 12,3 pulgadas, entre otros elementos de confort y tecnología. El diseño adopta líneas geométricas y estética futurista, un lenguaje visual que remite a Volvo, marca con la que Geely mantiene una estrecha relación societaria.
El precio de lanzamiento es de US$30.800, con opciones de financiamiento a través de Santander y garantía oficial de fábrica.
«El Icon es un producto sumamente competitivo por calidad y precio en un segmento en permanente crecimiento en el mercado», señaló Juan Azamendia, director general de Autos Sustentables del Sur. «Estamos muy entusiasmados porque seguimos ampliando nuestro portfolio, en este caso, con un auto naftero de gran rendimiento», agregó.
A nivel global, Geely es uno de los mayores fabricantes de automóviles de China y, además de su presencia automotriz, el grupo ganó notoriedad por sus inversiones en tecnologías aeroespaciales, incluyendo el lanzamiento de satélites para servicios de conectividad y navegación.
Conviene mirar los incentivos. Mientras buena parte de la industria automotriz —y de los gobiernos que la subsidian— empuja el eléctrico como única dirección posible, Geely elige leer al consumidor argentino con pragmatismo: infraestructura de carga escasa, precio de entrada elevado para los eléctricos y un segmento B de combustión que sigue siendo el de mayor volumen. El Icon no es una concesión al pasado; es una apuesta calculada al presente real del mercado.
El dato importa más que el ruido. En un contexto donde la libre empresa premia a quien responde a la demanda efectiva y no a los mandatos regulatorios, el movimiento de Geely ilustra que la competencia genuina —y no la planificación estatal ni los cupos de emisiones— es la que termina ampliando las opciones del consumidor. Argentina, con su mercado abierto a marcas chinas que compiten en precio y equipamiento, ofrece hoy un laboratorio interesante para medir hasta dónde llega la preferencia real del comprador cuando no está distorsionada por incentivos artificiales al eléctrico.



