El secretario de Transporte Sean Duffy envió el martes una carta al director ejecutivo de Ford, Jim Farley, en la que describió como de «profunda preocupación» las decisiones de la automotriz en materia de manufactura, cadena de suministro y dependencia tecnológica de China. La ofensiva no tardó en ganar respaldo legislativo: el senador Rick Scott (R-Fla.) elogió a Duffy por «sonar la alarma sobre los riesgosos vínculos de Ford con empresas del Partido Comunista Chino», según Reuters. El Comité Selecto de la Cámara sobre China también apuntó contra la empresa, publicando declaraciones corporativas junto a reportes sobre sus relaciones comerciales en el país asiático.
El epicentro del conflicto es la planta BlueOval Battery Park Michigan en Marshall, donde Ford fabrica baterías de fosfato de litio y hierro con tecnología licenciada de CATL. La empresa china figura en la lista del Pentágono bajo la Sección 1260H, que agrupa a compañías acusadas de vínculos con el aparato militar de Beijing. Ford sostiene que el acuerdo con CATL es «un acuerdo limitado de licencia tecnológica y servicios, no una empresa conjunta ni una operación de manufactura de propiedad extranjera», y subraya que la planta es de su propiedad, que controla la operación y que emplea a su propia fuerza laboral.
La administración, sin embargo, argumenta que Ford sigue dependiendo de propiedad intelectual y conocimiento técnico chino aunque la manufactura ocurra en suelo estadounidense. Investigadores del Congreso han solicitado previamente el acuerdo completo de licencia con CATL y han cuestionado si Ford podría mantener la planta operativa si se interrumpiera el soporte técnico de la empresa china. El contrato íntegro no ha sido hecho público, lo que deja sin respuesta preguntas sobre derechos de terminación, soporte de software y capacidad de operación independiente.
Duffy también cuestionó la empresa conjunta planeada con el fabricante chino Geely en Valencia, España, donde Ford tendría el 66% y Geely el 34%, con planes de producir vehículos de ambas marcas. La administración sostiene que el arreglo ayudaría a un competidor chino a expandir su presencia en los mercados occidentales; Ford lo presenta como una fórmula para compartir costos y optimizar sus operaciones en España. Adicionalmente, el secretario criticó que Ford continúe fabricando el Lincoln Nautilus en China mientras espera hasta 2030 para incrementar la producción estadounidense de Lincoln y eliminar las importaciones desde ese país.
Ford calificó esa crítica de «equivocada» y señaló que el secretario de Comercio Howard Lutnick había elogiado precisamente la decisión de relocalizar producción. La automotriz reservó su lenguaje más duro para la carta de Duffy, describiéndola como «un intento equivocado de capturar titulares», y recordó que el 31 de agosto la Casa Blanca había destacado la inversión de Ford de aproximadamente 3.000 millones de dólares en la planta de Marshall y sus aproximadamente 1.700 empleos como parte del resurgimiento manufacturero en Michigan.
Ford también negó de manera directa la acusación de que Farley habría propuesto a funcionarios de la administración un esquema para facilitar que fabricantes chinos establezcan manufactura en Estados Unidos a través de empresas conjuntas controladas por estadounidenses. «Ford no ha propuesto un marco de empresa conjunta tal como se describe en la carta», afirmó la compañía.
Conviene mirar los incentivos. La disputa expone una tensión real dentro del propio gobierno: la Casa Blanca celebra la inversión de Ford en Michigan mientras el Departamento de Transporte cuestiona la arquitectura tecnológica que la sustenta. Para los contribuyentes y trabajadores de Marshall, la pregunta no es retórica: si CATL puede retirar su soporte técnico y dejar la planta inoperativa, la soberanía industrial que Washington proclama sería, en los hechos, una ilusión cara. El dato importa más que el ruido. Mientras el acuerdo de licencia completo permanezca fuera del escrutinio público, el debate seguirá siendo más político que técnico, y la dependencia estructural de propiedad intelectual china en suelo americano quedará sin resolverse.



