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Flor Núñez Graiño y una novela sobre el Nueva York previo al crack del 29

La autora reconstruyó durante un año el ambiente de los años veinte con archivos, mapas históricos y ejemplares del New York Times. Su libro mezcla magia, trabajo de documentación y una lectura sobre la incertidumbre que rodeaba a la ciudad antes de 1929.
Culturajueves 17 de septiembre de 2026

Flor Núñez Graiño investigó durante un año para La ilusionista Esmeralda con archivos de la biblioteca de Nueva York y ejemplares del New York Times de la época. Su nueva novela, publicada por Urano, fue presentada en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires 2026.

La autora, nacida en la Ciudad de Buenos Aires y abogada especializada en Derecho Penal, dijo que el libro es distinto de sus obras anteriores: «un poco más adulto e histórico», aunque conserva «la magia, la tensión y los personajes que te llegan al corazón». También señaló que el recibimiento fue «increíble» y que le sorprendió que tantos lectores encontraran esperanza en la historia.

La ilusionista Esmeralda está ambientada en Nueva York durante los años previos a la caída de la Bolsa de 1929. La trama sigue a una ilusionista inmigrante irlandesa que hace trucos callejeros en Times Square y a un mago que triunfa en un teatro de Broadway. Para reconstruir ese mundo, Núñez Graiño se apoyó en la biblioteca de Nueva York, que le facilitó una aplicación con mapas históricos de distintas zonas de la ciudad, y además leyó ejemplares del diario New York Times de aquellos años.

La escritora explicó que quería evitar una obra puramente documental. «Yo esto no quiero que sea una enciclopedia. Yo quiero que el lector viva esa realidad como si fuese parte de ella», afirmó. Fragmentos reales del diario aparecen al inicio de los capítulos, una decisión que busca anclar la ficción en el lenguaje y las preocupaciones cotidianas de la época.

El proceso de escritura duró un año y, según relató, fue uno de los más difíciles de su carrera. Empezó inspirado por referencias como El gran Gatsby, el jazz y el charleston, pero durante el trabajo atravesó un período de desesperanza sobre el futuro de la humanidad que la llevó a interrumpir la novela. Después, volvió a escribirla desde otra perspectiva.

En ese recorrido, dijo que encontró una respuesta a una pregunta que la acompañó mientras escribía: qué hacer si el futuro no fuera bueno. La conclusión, según contó, fue sostener pequeñas acciones cotidianas frente a la incertidumbre colectiva. Esa idea aparece reflejada en los dos protagonistas, que comparten la certeza de que no tiene sentido esperar demasiado del mundo, pero igual siguen comprometidos con hacer bien su trabajo.

Núñez Graiño también vinculó la novela con una reflexión personal más amplia. Dijo que la historia le ayudó a entender «por qué pongo mi corazón en todo lo que hago aunque a veces parezca que no cambia nada, y por qué elijo lo que está bien y no lo que es fácil».

La autora adelantó, además, que en octubre sumará un nuevo proyecto: participará en la antología de cuentos Noches Oscuras, junto a otras voces del panorama literario español y latinoamericano. También mencionó la adaptación de La acusada de Codexia a una serie vertical.

Conviene mirar los incentivos incluso en una historia literaria. La novela de Núñez Graiño habla de trabajo paciente, de oficio y de constancia en medio de la incertidumbre; tres rasgos que rara vez ocupan el centro del debate público, pero que siguen siendo el cimiento de cualquier proyecto serio.

En tiempos de ruido y de exaltación del instante, esa disciplina resulta una defensa modesta de la libre empresa cultural: escribir, publicar, leer y sostener una obra sin depender de atajos. El dato importa más que el ruido, incluso cuando el dato llegue envuelto en jazz, charleston y una ciudad que se asoma al crack.

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