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Europa invierte en IA, pero pierde cuota exportadora en componentes clave

La zona euro participa en la ola de la inteligencia artificial, pero no domina los segmentos más rentables del hardware. El resultado es más inversión interna, sí, pero también una pérdida de terreno comercial frente a competidores más especializados.
Imagen generada con IA
Lídereslunes 28 de septiembre de 2026

La inteligencia artificial ya está reordenando el comercio mundial, y Europa no queda al margen. El Banco Central Europeo (BCE) señaló en su boletín económico de septiembre de 2026 que el crecimiento de la actividad relacionada con la IA es visible en los servicios digitales, en la inversión empresarial y en las exportaciones de la zona euro.

Pero el balance no es cómodo para el continente. El BCE proyecta que las importaciones mundiales crecerán 4,7% este año y 4,5% en 2027, impulsadas en gran medida por el comercio vinculado a la IA. Al mismo tiempo, advierte que las exportaciones de la zona euro crecerán más despacio que la demanda externa, lo que implicará un nuevo descenso de sus cuotas de exportación.

La clave está en la especialización. El informe dice que la demanda mundial de bienes relacionados con la IA se concentra en «componentes esenciales de centros de datos como el hardware de computación, de almacenamiento y de red», áreas en las que la zona euro está «menos especializada que algunos de sus competidores».

Esa debilidad aparece con nitidez en el caso de los semiconductores. El BCE afirmó que la inversión en activos tangibles está impulsada por la demanda de hardware vinculado a la IA, «en particular en los países que producen semiconductores». Europa construye infraestructura, pero no captura por igual el valor de los componentes más codiciados.

La expansión de centros de datos también avanza en el sur del continente. Según el boletín, cada vez más centros de datos se construyen en esa región «gracias a las energías renovables, el suelo disponible y el acceso a los fondos Next Generation EU». Es decir, hay inversión y hay capacidad instalada. Lo que falta es una posición más fuerte en la cadena de valor global.

El comercio con Estados Unidos ofrece una pista adicional. Las exportaciones europeas hacia ese país repuntaron en junio, pero el aumento se concentró en bienes vinculados al ecosistema de la IA, como equipos de computación, memoria, almacenamiento y redes. Las categorías sujetas a aranceles siguieron en descenso. Europa participa, pero de forma acotada.

En paralelo, China consolida su papel como proveedor global de bienes vinculados a la IA. El BCE indicó que esos productos representaron dos tercios de la variación total de los precios de exportación chinos en mayo de 2026, lo que ayudó a que los precios de exportación del país asiático abandonaran el terreno deflacionario de meses anteriores.

El superávit comercial de bienes de China frente a la Unión Europea también siguió aumentando. El BCE lo atribuye a «la exposición limitada de la UE a la demanda china de importaciones relacionadas con la IA». La asimetría es clara: Europa compra poco de esa oferta y, al mismo tiempo, no logra competir con fuerza suficiente en su fabricación.

Los indicadores de demanda exterior reflejan esa presión. El índice de directores de compras de nuevos pedidos exteriores apenas volvió a terreno positivo tras cuatro años y medio en contracción, aunque los pedidos vinculados a tecnología mostraron fortaleza relativa gracias al despliegue global de la IA.

El BCE no cree que la situación se corrija pronto. «Durante el resto del horizonte de proyección, se espera que las cuotas de mercado sigan sometidas a presiones derivadas de problemas de competitividad más amplios», señala el informe. Conviene mirar los incentivos: sin reformas en el mercado único, con una transición energética más rápida y con una unión de ahorros e inversiones incompleta, Europa corre el riesgo de invertir más y vender menos en la próxima frontera tecnológica.

La historia sugiere cautela. No basta con construir centros de datos y celebrar la digitalización si el continente sigue rezagado en los componentes que concentran el margen y el poder de negociación. En una economía de IA, la autonomía no se mide solo por la capacidad de consumir tecnología, sino por la de producirla y exportarla en los segmentos decisivos.

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