Los mercados accionarios globales operan al alza este 4 de agosto de 2026, impulsados por las expectativas de que se concrete un acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz, la arteria por la que transita una porción decisiva del petróleo mundial.
El Nasdaq lidera las ganancias en Wall Street con un incremento de 1.82%, situándose en 26,385.86 enteros. El Dow Jones avanza 1.54%, hasta los 53,989.11 puntos, mientras el S&P 500 sube 1.22% y alcanza los 7,693.80 enteros. Los tres índices se aproximan, según los datos disponibles, a máximos históricos.
«Los mercados están reaccionando ante la posibilidad de que la reapertura del estrecho pueda ayudar a normalizar el suministro mundial de petróleo y reducir las presiones sobre los precios de la energía a corto plazo. Los precios más bajos del petróleo pueden aliviar las preocupaciones sobre la inflación», declaró a Bloomberg Tony Miano, de Wells Fargo Investment Institute.
El optimismo se extiende a Europa. El DAX alemán gana 0.79%, en 26,204.66 enteros; el CAC 40 francés sube 0.42%, a 8,650.49 unidades; el IBEX 35 español suma 0.37%, en 20,057.10 puntos, y el FTSE 100 londinense avanza 0.35%, rondando las 10,895.31 unidades.
En México, el índice principal de la Bolsa Mexicana de Valores, S&P/BMV IPC, abre con un alza de 1.22% y opera alrededor de las 67,514.12 unidades. El FTSE-BIVA de la Bolsa Institucional de Valores suma 0.42%, en un nivel de 1,355.39 enteros.
La cara opuesta de la euforia bursátil es el desplome del crudo. El West Texas Intermediate (WTI) cede 4.44% y cotiza en 76.77 dólares por barril, en tanto el referencial Brent retrocede 4.0% y se coloca en 80.40 dólares por unidad. La lógica es directa: si el estrecho se reabre, la prima de riesgo geopolítico que sostenía los precios se evapora.
Conviene mirar los incentivos. Para los consumidores, las empresas y los bancos centrales que llevan meses lidiando con una inflación energética obstinada, un petróleo más barato es oxígeno: reduce costos de producción, alivia la presión sobre tasas de interés y devuelve poder adquisitivo a los hogares. La libre empresa prospera cuando los precios de los insumos reflejan oferta y demanda, no cierres geopolíticos.
El dato importa más que el ruido. Lo que los mercados están descontando hoy no es un acuerdo firmado, sino la probabilidad de que ocurra. Si las negociaciones fracasan o se dilatan, la reversión puede ser igual de brusca. La historia sugiere cautela: el Estrecho de Ormuz ha sido palanca de presión geopolítica en repetidas ocasiones, y cada reapertura negociada ha tenido su propio calendario de tropiezos. Los inversores que apuestan por la normalización lo hacen con los ojos abiertos —o deberían.

