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Líderes · Análisis · Opinión

Estoy Bien sobresale en el rock chileno; Marr confirma su pulso sin Morrissey y Lambert cruza country con disco

Tres discos recientes muestran caminos distintos: un segundo álbum chileno que gana ambición, un trabajo de Johnny Marr que privilegia la melodía sobre el riesgo y una placa de Miranda Lambert que mezcla country con disco. El dato importa más que el ruido: la consistencia sigue pesando más que la novedad.
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Líderessábado 3 de octubre de 2026

El rock chileno, con mayor oficio

En A la Distancia, Estoy Bien da un paso más allá de su debut Apoyo Emocional (2023). El trío, integrado por Benjamín de la Fuente, Matías Sandoval y Alberto Pino, presenta 12 temas trabajados durante 4 meses, en un disco que revela más rodaje en directo y una ambición compositiva superior.

La reseña destaca que el grupo cultiva un punk pop refrescante, con guiños a Blink 182 y Paramore, y que su segundo disco se apoya en estructuras más claras para convertir la desesperanza en una energía reconocible. Canciones como Carta, Rubí & Zafiro, Quebrada y A Pedazos sostienen el tono emocional del álbum y refuerzan la idea de que el trío ha afinado su propuesta.

La valoración final es contundente: se trata de «uno de los mejores discos rockeros de la temporada». En un entorno donde buena parte del mercado juvenil consume rock visceral, el grupo consolida un mérito artístico que ya no depende solo del impulso inicial.

Marr, la melodía antes que la sorpresa

Johnny Marr entrega un álbum que no apuesta demasiado por el riesgo, pero sí confirma un sello propio muy reconocible. El guitarrista, descrito como «el guitarrista más elegante del rock & roll», propone un trabajo que mantiene incólume su talento para la melodía y su sonido distintivo.

El disco además ofrece su material más cercano a The Smiths en muchos años. La reseña sugiere que eso podría leerse como una reacción a su negativa a reformar el grupo, aunque lo plantea solo como posibilidad. En temas como It’s Time, How Come, Ophelia, Fire with Fire y All in a Life, Marr recorre referencias a The Smiths, Modest Mouse, Electronic y la new wave, con una ejecución sólida y poco dada a la sorpresa.

El balance es favorable, aunque sobrio: un trabajo bien logrado que resume varias facetas de un músico que sigue priorizando la canción sobre el espectáculo.

Lambert mezcla dos tradiciones

En Crisco, Miranda Lambert cruza country y disco con una fórmula que la reseña considera moderna, fresca y bailable. La propia Lambert dice: «Siempre me ha encantado cada rincón de la música country. Las canciones de angustia, las honky-tonk, las que te hacen pensar y las que te hacen bailar. Hacer este disco me recordó que esas cosas no tienen que estar separadas».

El álbum se construye sobre esa mezcla. El título alude a una manteca vegetal y también a un juego de palabras que la reseña vincula con «country más disco». Lo más interesante, según el texto, aparece en las capas de acompañamiento y en las referencias al universo sonoro del western.

Además, el trabajo incorpora arreglos de cuerda en buena parte del disco y ofrece una escucha amable, sin estrés, con canciones como Cuttin’ onions y Till the going’s gone. La conclusión es clara: Crisco funciona bien como un disco para un fin de semana fuera de la ciudad.

Lectura editorial

Conviene mirar los incentivos. En los tres casos, la clave no es la ruptura por la ruptura, sino la disciplina del oficio: un grupo chileno que trabaja 4 meses un disco, un guitarrista que refuerza su identidad, y una estrella del country que entiende que el mercado premia la mezcla cuando está bien ejecutada.

La industria musical castiga la improvisación y recompensa la coherencia. El público no compra promesas abstractas, sino canciones que resisten la repetición. Esa es la lección de fondo: en cultura, como en la economía, el talento importa, pero también el método. Y cuando ambos coinciden, el resultado suele notarse enseguida.

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