Estados Unidos salió reforzado de la Copa Presidentes y ya proyecta esa inercia sobre la Ryder Cup centenaria del año que viene en Irlanda. Brandt Snedeker, capitán del equipo estadounidense, cree que su selección «será un problema» para Europa tras la remontada de este domingo en Medinah, cerca de Chicago.
La victoria tuvo forma de reacción. El torneo, disputado entre el jueves 24 y el domingo 27 de septiembre, enfrentó al equipo estadounidense contra uno formado por no europeos. Después de una buena remontada final en los doce partidos individuales, Estados Unidos sumó 9,5 puntos en esa fase y cerró el marcador en 17-13.
Snedeker, de 45 años, dijo que el resultado vale «mucho más para el golf estadounidense» que para él como persona. También rechazó la idea de que el equipo no funcione colectivamente. «Creo que todos estamos hartos de ese discurso de que no nos importamos unos a otros, de que no sabemos jugar al golf en equipo. Creo que esto lo demuestra», advirtió.
El capitán añadió que no se habría producido la remontada si los jugadores no se hubieran apoyado mutuamente. «Este equipo va a ser un problema en Irlanda (para los europeos). Va a ser un problema», recalcó.
La cita de Adare Manor tendrá además un matiz simbólico para Estados Unidos: intentará ganar en terreno extranjero por primera vez desde la edición de 1993. Conviene mirar los incentivos. En este tipo de torneos, la confianza y la cohesión importan tanto como el talento individual, y la presión de competir fuera de casa suele castigar a quien llega dividido.
Jim Furyk, uno de los vicecapitanes de Snedeker en Medinah, será el capitán estadounidense de la Ryder Cup 2027. Furyk ya vivió una derrota dura en París por 17,5 a 10,5 y ahora vuelve al cargo con la idea de corregir errores que, según él, se repiten en este formato.
«He visto muchas alineaciones; he visto muchas salas de equipo y creo que siempre se aprende», dijo Furyk. Añadió que este año había «gente nueva en la sala», con intercambio constante de ideas y un esfuerzo por ser una influencia tranquilizadora. También subrayó que el equipo ha tenido buenas rachas los domingos, pero que le había costado dar «el paso definitivo» hasta esta Copa Presidentes.
Furyk celebró el desenlace: «estos chicos lo han rematado como nunca había visto antes. Estoy orgulloso de ellos». Y explicó por qué aceptó volver a la capitanía: «Porque quiero a estos chicos, de verdad. Creo que son especiales. Tenemos a muchos grandes veteranos en el equipo, contamos con mucha gente en la que realmente confiamos, y también tenemos a muchos jóvenes».
La historia sugiere cautela. Una victoria de este tipo no garantiza nada en Irlanda, pero sí modifica el clima interno de Estados Unidos. En una competición donde el orden, la química y el temple pesan tanto como el ranking, el equipo estadounidense llega con una señal clara: por fin se ve capaz de responder como bloque.
Para Europa, la advertencia ya está lanzada. Para Estados Unidos, la prueba real llegará cuando la presión deje de ser un argumento y se convierta en resultado. Entonces se sabrá si la remontada de Medinah fue un impulso pasajero o el inicio de una formación más sólida en uno de los escenarios más exigentes del golf.


