España confirma su posición como primer destino internacional para los viajeros de Reino Unido, Alemania, Francia, Portugal y Países Bajos, según los Estudios de Mercado 2026 de Turespaña. El organismo público añade que el país también figura entre las opciones preferentes para Irlanda, Bélgica, Italia, Suiza, Polonia y los países nórdicos.
El dato importa más que el ruido: España registró en 2025 nuevos máximos históricos tanto en llegadas de turistas internacionales como en gasto turístico. El gasto medio diario alcanzó los 195 euros por viajero y creció a un ritmo superior al de las llegadas, lo que sugiere un turista que gasta más, no solo uno que llega en mayor número.
En el continente americano, Turespaña describe una posición «muy destacada» de España como destino europeo de referencia, con especial fuerza en México, Estados Unidos y Canadá. En Asia, el organismo destaca una imagen asociada a la cultura, la gastronomía y el patrimonio que atrae a Japón, Corea del Sur, China e India.
Los mercados de larga distancia —Estados Unidos, México, Canadá, Japón y Brasil— presentan, según el informe, niveles de gasto elevados y una contribución creciente a la actividad turística española, con margen de crecimiento adicional en los próximos años. Es la diversificación geográfica que todo destino maduro busca: menos dependencia de un solo mercado emisor, más resiliencia ante shocks regionales.
Turespaña identifica, además, un factor de época: en un contexto internacional marcado por la incertidumbre geopolítica, la seguridad, la estabilidad y la confianza ganan peso en la elección de destino. España, dice el organismo, mantiene una imagen «sólida» como destino «seguro, estable y fiable». A esto se suman atributos ya conocidos —diversidad cultural y territorial, clima, gastronomía, patrimonio, paisajes, oferta urbana y hospitalidad— junto con una demanda creciente de experiencias auténticas, bienestar, deporte y naturaleza.
La conectividad aérea completa el cuadro: España mantiene una extensa red de conexiones con sus principales mercados emisores europeos, americanos y asiáticos, reforzada por la recuperación de enlaces de largo radio y nuevas rutas internacionales, según el propio informe.
Conviene mirar los incentivos que subyacen a estas cifras. Que la seguridad y la estabilidad aparezcan, según Turespaña, como criterios crecientes en la decisión de viaje no es un detalle menor: en un mundo donde varias economías compiten por el turista de alto gasto, la reputación de previsibilidad institucional se convierte en un activo comercial tan real como una playa o un museo. Nada en el informe atribuye estos resultados a un programa de gasto público específico; los datos hablan de decisiones de millones de viajeros que, con información y alternativas disponibles, eligen repetidamente el mismo destino.
Eso no exime de lectura crítica. El propio informe reconoce que el crecimiento del gasto medio diario supera al de las llegadas, señal de que el turista actual busca experiencias de mayor valor, no solo volumen. Para un sector que representa una porción relevante del PIB español, sostener esa confianza —y no solo perseguir cifras récord— será la prueba de los próximos ciclos económicos y geopolíticos.



