La llegada de gas natural licuado de Estados Unidos a España se disparó en septiembre un 80% respecto del mismo mes de 2025, hasta 13.461 gigavatios hora (GWh), según datos del Boletín Estadístico de Enagás. Con esa cifra, Estados Unidos copó casi la mitad del suministro de gas al país por segundo mes consecutivo.
El cambio de proveedores fue brusco. En septiembre, Argelia aportó el 29,3% del total —todo ello vía tubo de Medgaz— y Nigeria el 10,9%. Rusia, en cambio, quedó en cero por primera vez desde la invasión de Ucrania en 2022.
En el acumulado del año, la fotografía es menos concluyente, pero sigue marcada por el giro energético europeo. Argelia continúa como primer origen de suministro con el 34,2%, seguida de Estados Unidos con el 30,7% y Rusia con el 15,2%. España ha recibido gas natural desde 14 países de origen diferentes en lo que va de año, entre ellos Nigeria, Portugal, Francia, Angola, Congo, Noruega y Mauritania.
La caída del gas ruso no surge de la nada. Desde la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, la Unión Europea ha impulsado sucesivos paquetes de sanciones para reducir su dependencia energética de Moscú y asfixiar sus fuentes de financiación. Pero la estrategia comunitaria dejó inicialmente fuera el gas natural licuado transportado por vía marítima.
Para corregir ese resquicio, las instituciones europeas han diseñado un calendario de desconexión progresiva que fija la prohibición total de las importaciones de gas y GNL ruso entre finales de 2026 y 2027. Eso obligará a las comercializadoras europeas a resolver o alegar causa de fuerza mayor sobre sus compromisos vigentes.
En España, la mayoría del gas natural que llega de Rusia procede de contratos a largo plazo con Yamal LNG, un consorcio liderado por la empresa privada rusa Novatek y en cuyo accionariado hay capital europeo y de otros países.
Otros indicadores del mercado muestran un mes de menor actividad en la logística del gas. La carga de buques cayó un 38,8% interanual en septiembre, hasta 701 frente a 1.146 un año antes. Los almacenamientos subterráneos cerraron el mes al 75% de capacidad, por debajo del 87% registrado en las mismas fechas de hace un año.
La demanda nacional de gas, en cambio, avanzó. En septiembre se situó en 25.817 GWh, un 4,9% más que un año antes. El impulso vino del sector eléctrico, donde la demanda para generación mediante ciclos combinados aumentó un 33% interanual, hasta 11.250 GWh. La demanda convencional, que incluye industria y consumo doméstico y comercial, cayó un 9,7%, hasta 14.568 GWh.
En los nueve primeros meses de 2026, la demanda acumulada creció un 2,6% respecto del mismo periodo de 2025, hasta 242.031 GWh, apoyada por un incremento del 19% en la demanda para generación eléctrica. La producción de biometano inyectada a las redes también siguió avanzando, con 45,5 GWh en septiembre, un 13,8% más que los 40,0 GWh de un año antes.
La foto de septiembre es clara: España compra menos gas ruso y más GNL estadounidense, mientras su sistema energético se adapta a un orden internacional menos cómodo y más caro de gestionar. Conviene mirar los incentivos. Cuando Bruselas aplaza el costo político de cortar con Moscú, el mercado lo resuelve por otra vía: contratos, barcos y dependencia de nuevos proveedores.
Para los consumidores y las empresas, la cuestión no es ideológica sino material. Cada reacomodo de oferta tiene efectos sobre precios, seguridad de suministro y margen de maniobra industrial. La historia sugiere cautela: sustituir una dependencia por otra no equivale, por sí solo, a ganar autonomía.

