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Oriente Medio y África

Escalada en el Golfo: Washington ataca petroleros iraníes y Teherán amenaza con golpear bases de EU

El ejército estadounidense confirmó ataques contra navíos vinculados a la Guardia Revolucionaria cerca de Kharg y Jask; Irán respondió con amenazas directas a instalaciones militares de EU en la región y advirtió a Kuwait y Bahréin.
Imagen generada con IA
Oriente Medio y Áfricamiércoles 9 de septiembre de 2026

La tensión en el Golfo Pérsico alcanzó un nuevo umbral este fin de semana. Funcionarios estadounidenses confirmaron a medios como CNN y Fox que el ejército de Estados Unidos atacó petroleros iraníes vinculados a la Guardia Revolucionaria, en respuesta a intentos de agresión previos contra un buque de la Armada estadounidense. Los objetivos alcanzados se ubicaban cerca de la isla iraní de Kharg —centro clave para las exportaciones petroleras de Irán en el Golfo Pérsico— y del puerto de Jask, en el Golfo de Omán. Según Fox, que cita a altos funcionarios, las operaciones se enmarcan en una campaña económica para aumentar la presión sobre Teherán.

Las explosiones fueron confirmadas por medios iraníes. La agencia Fars reportó que alrededor de las 21:45 se escucharon detonaciones en Jask «en dos etapas, a poca distancia una de la otra». Kharg, por su parte, concentra una porción sustancial del flujo de crudo iraní hacia los mercados internacionales, lo que convierte su afectación en una señal de presión económica deliberada.

La respuesta de Teherán fue inmediata y en varios frentes. El jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas iraníes, Abdolahi, advirtió a través de la televisión estatal que «cualquier ataque contra los petroleros iraníes dará lugar a que las Fuerzas Armadas de la República Islámica de Irán ataquen las bases estadounidenses en la región». La Guardia Revolucionaria fue más lejos: mediante un comunicado recogido por la agencia Tasnim, advirtió que los petroleros de Kuwait y Bahréin «serán blanco de ataques» y exigió a sus tripulaciones abandonar de inmediato los buques, «ya sea que estén anclados o en el muelle».

En paralelo, la Armada de la Guardia Revolucionaria afirmó haber capturado un submarino no pilotado «avanzado» de Estados Unidos en el estrecho de Ormuz, aunque Washington no confirmó de forma independiente ese extremo según las fuentes disponibles.

En el plano de las sanciones, Estados Unidos anunció medidas contra 36 entidades e individuos ligados al sector de la aviación iraní, con foco en 27 compañías aéreas que aún operan en el país, actores que brindan apoyo a Mahan Air —la principal aerolínea privada de Irán— y canales financieros y de aprovisionamiento para ese sector.

El dato importa más que el ruido. Lo que ocurre en el Golfo no es una escaramuza aislada: es la convergencia de tres presiones simultáneas —militar, económica y diplomática— sobre el régimen de los ayatolás. La administración Trump ha optado por una estrategia de máxima presión que combina fuerza directa con sanciones sectoriales, apuntando a los ingresos petroleros y a la aviación como palancas de asfixia financiera. El mensaje a Kuwait y Bahréin —aliados con bases estadounidenses— añade una dimensión regional que obliga a esos gobiernos a calcular su exposición.

Conviene mirar los incentivos. Teherán sabe que una escalada abierta contra bases de EU elevaría el costo a un nivel que el régimen difícilmente puede sostener; sus amenazas cumplen una función interna tanto como disuasoria. Pero la historia del Golfo sugiere cautela: cada ciclo de provocación y respuesta ha tendido a producir incidentes no planificados con consecuencias desproporcionadas. El estrecho de Ormuz —por donde transita una fracción significativa del petróleo mundial— es el punto donde la geopolítica se convierte en precio en la bomba de gasolina. Eso, más que cualquier comunicado, es lo que los mercados están midiendo esta semana.

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