Emiratos Árabes Unidos afirmó que un copiloto omaní de Flydubai planeó secuestrar un vuelo de Dubái a Tel Aviv y estrellarlo contra una terminal del aeropuerto Ben Gurión en un ataque suicida. La fiscalía añadió que el incidente se inspiró en los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La versión oficial sostiene que el vuelo FZ1073 salió de Dubái el 30 de septiembre con 174 pasajeros a bordo, en su mayoría israelíes. El copiloto atacó al comandante con un hacha de emergencia cuando la aeronave ya estaba en espacio aéreo saudí, según la investigación divulgada por el fiscal general Hamad Saif Al Shamsi.
El capitán, el piloto indio Smit Machchhar, logró abrir la puerta de la cabina pese a sus heridas. Esa reacción permitió que pasajeros y tripulación redujeran al agresor y recuperaran el control del avión. El aparato cayó en picado 4.900 metros en 30 segundos, de acuerdo con la fiscalía emiratí, antes de aterrizar de emergencia en Arabia Saudita.
La declaración oficial atribuye al sospechoso un proceso de radicalización mientras estudiaba en Australia, a través de literatura extremista y contenidos en línea que glorifican a organizaciones terroristas y ataques suicidas. Al Shamsi dijo además que el copiloto cumplía con todos los requisitos profesionales y de seguridad para el empleo, incluida una licencia de piloto, un certificado de buena conducta y las revisiones requeridas.
La fiscalía sostuvo también que ninguno de los procedimientos de verificación previa reveló indicios de ideas extremistas ni de intención de llevar a cabo un complot terrorista. En ese punto, la brecha no es menor: el caso muestra que el aparato de control puede certificar papeles, pero no siempre detecta incentivos ni señales tempranas de radicalización.
Las autoridades emiratíes no identificaron al sospechoso en su comunicado, aunque una persona con conocimiento directo del asunto dijo a Reuters que se trata de Hammam al-Hammami, de nacionalidad omaní. La investigación, según Al Shamsi, incluye que el sospechoso había trabajado para Oman Air y que había realizado formación en Royal Air Maroc, donde luego fue rechazada su solicitud para trabajar.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, elogió a la tripulación y a los pasajeros por frustrar el ataque y ordenó un análisis exhaustivo de la seguridad de la aviación civil extranjera con destino a Israel. También dijo que el hombre había seguido un proceso de adoctrinamiento «islamista radical».
Conviene mirar los incentivos. Cuando un ataque de este tipo pasa por filtros estándar sin ser detectado, el problema no es solo operativo: es institucional. La seguridad aérea depende de controles eficaces, pero también de información compartida, antecedentes cruzados y capacidad de anticipar amenazas que se incuban lejos de la pista.
El dato importa más que el ruido. Si la fiscalía emiratí acierta, el episodio deja una lección incómoda para aerolíneas y autoridades: los protocolos de cumplimiento pueden ser necesarios, pero no bastan cuando el riesgo nace de una radicalización que avanza en silencio. Para los pasajeros, para las aerolíneas y para los países que reciben estas rutas, lo que está en juego es la confianza mínima en la seguridad del sistema.
