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El virus de la gripe desmantela compartimentos celulares para multiplicarse: un hallazgo que abre nuevas vías terapéuticas

Científicos alemanes publicaron en *Nature Microbiology* cómo la influenza A destruye estructuras del núcleo celular para replicarse entre 2 y 2,5 veces más rápido, sin que la ciencia hubiera podido mapear ese mecanismo hasta ahora.
Imagen ilustrativa
Ciencia y tecnologíamartes 21 de julio de 2026

El virus de la gripe estacional mata hasta 650.000 personas al año en el mundo y provoca enfermedades graves en entre 3 y 5 millones más. Esas cifras, conocidas, conviven con una ignorancia de fondo: hasta ahora la ciencia no había logrado observar con precisión cómo opera el patógeno dentro de una célula viva sin destruirla primero para analizarla.

Un equipo del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) de Hamburgo, el Instituto Leibniz de Farmacología Molecular (FMP) de Berlín y la Charité – Universitätsmedizin Berlín acaba de cerrar esa brecha. El hallazgo, publicado en Nature Microbiology, revela que el virus de la influenza A no se limita a invadir las células: las reprograma desde adentro para fabricar más copias de sí mismo.

El problema metodológico que frenaba el avance

Durante décadas, los científicos medían las interacciones entre proteínas con métodos que exigían romper la célula primero. Al destruir su arquitectura, proteínas que nunca se habían tocado podían encontrarse en el tubo de ensayo, y los contactos frágiles o específicos de cada compartimento se perdían. El resultado era un mapa incompleto, insuficiente para diseñar mejores medicamentos o vacunas.

La investigadora Iuliia Kotova, bajo la dirección de Jan Kosinski, resolvió ese problema con una técnica llamada espectrometría de masas con entrecruzamiento dentro de la célula (XL-MS). El método funciona como un pegamento molecular: introduce una sustancia química que une de forma permanente las proteínas que están en contacto dentro de la célula viva, para identificarlas después sin alterar su arquitectura. Los datos obtenidos se combinaron con AlphaFold, el algoritmo de predicción de estructuras proteicas cuyos creadores recibieron el Premio Nobel de Química en 2024, lo que permitió predecir con precisión cómo se acoplan físicamente esas proteínas.

Dos hallazgos, uno decisivo

El primer resultado involucra a la hemaglutinina, la proteína de superficie que el virus usa para entrar a las células. Los investigadores rastrearon su recorrido por el retículo endoplasmático y el aparato de Golgi, e identificaron proteínas de la célula huésped —algunas con funciones hasta entonces desconocidas— que ayudan al virus a preparar correctamente esa proteína.

El segundo hallazgo es el más revelador. El virus disuelve activamente los paraspeckles, pequeños compartimentos sin membrana del núcleo celular que participan en las defensas antivirales. Al destruirlos, libera proteínas que estaban atrapadas allí y las recluta para replicarse. Ese mecanismo aumentó la capacidad de multiplicación del virus entre 2 y 2,5 veces en laboratorio, en todas las líneas celulares y cepas probadas.

Kotova señaló que ver cómo esos compartimentos se disolvían en cada cepa y línea celular sugería que no era un efecto secundario, «sino que podría ser una estrategia» del virus. Boris Bogdanow, del Instituto de Virología de la Charité, subrayó que la técnica «permite capturar interacciones proteína-proteína directamente en células intactas infectadas, al tiempo que proporciona información estructural sobre cómo ocurren esas interacciones».

Kosinski describió el trabajo como «una nueva forma de estudiar las interacciones entre la gripe y el huésped en su contexto nativo y con perspectiva estructural». Los propios autores advierten que el estudio se realizó con una cepa de laboratorio y en una ventana temporal específica de la infección, lo que limita la generalización inmediata de los resultados.

Lo que está en juego

Conviene mirar los incentivos. La investigación básica de este tipo —financiada en instituciones públicas europeas de excelencia como el EMBL— es exactamente el eslabón que conecta la biología molecular con el diseño de antivirales de nueva generación. El dato importa más que el ruido: identificar los paraspeckles como blanco terapéutico abre una vía concreta contra cepas con potencial pandémico, incluido el H5N1. El progreso no vino de más regulación ni de más gasto administrativo, sino de mejor ciencia y de herramientas computacionales —AlphaFold— surgidas de la competencia intelectual abierta. La historia sugiere cautela ante los plazos, pero el mapa que hoy existe es incomparablemente más preciso que el de ayer.

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