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El tráfico por Ormuz resiste a Irán y alivia la presión sobre el petróleo

Según Alexander Stahel, el sistema de transporte marítimo por el estrecho sigue funcionando pese a la presión de Teherán. Para los mercados, la señal es clara: Irán no ha logrado cerrar el paso y el precio del crudo debería ir aflojando.
Líderesmartes 29 de septiembre de 2026

La disputa por el estrecho de Ormuz sigue en el centro de la coyuntura energética. Alexander Stahel, analista e inversionista suizo, afirmó en su carta de inversión del lunes que «el régimen de Irán ha perdido el control del estrecho de Ormuz».

Stahel describió un mecanismo al que llamó «el transbordador de Ormuz», mediante el cual Emiratos Árabes Unidos y sus vecinos trasladan petróleo fuera del golfo a través de una nueva ruta marítima que bordea la costa de Omán. Esa vía, dijo, es patrullada y protegida por las fuerzas militares de Estados Unidos.

De acuerdo con su evaluación, el esquema empezó temprano. Stahel señaló que ya en mayo se colocaron once cascos —en su mayoría VLCC, o grandes buques cisterna—, propiedad, arrendados y operados por ADNOC, la petrolera nacional de Abu Dabi, para sacar crudo del «trampa persa» por la llamada Oman Lane, descargarlo mediante transferencias barco a barco y volver a entrar en el golfo para repetir la operación.

El análisis, citado por la emisión, sostiene además que ADNOC «se ha vuelto muy buena» en el sistema, y que Aramco y Kuwait habrían aprendido del modelo emiratí y lo habrían copiado. Stahel calcula que hay unos 116 cascos activos en ese comercio alrededor del estrecho de Ormuz, la mayoría usando la ruta de Omán. Añadió que Qatar e Irak también estarían usando el mismo mecanismo.

La lectura de Stahel es que Irán no ha logrado bloquear el paso. «Irán ha fracasado en cerrar el estrecho», concluyó, y añadió que el sistema de transbordo está escalando mientras el tiempo juega cada vez más contra Teherán.

El mercado ya refleja parte de esa tensión. A esta altura, el crudo West Texas —clave para el mercado estadounidense— se ubicaba en 94.50 dólares por barril, y el Brent en poco menos de 107.00 dólares. La subida, según Stahel, responde a la inquietud de los operadores por la negativa del presidente Trump a reabrir conversaciones con Irán.

La cuestión de fondo es sencilla: cuando el flujo físico del petróleo sigue pasando, la capacidad de coerción de un régimen se reduce. Conviene mirar los incentivos. Si el sistema de navegación alternativo continúa funcionando y más compradores lo asumen como estable, el precio debería ceder. El dato importa más que el ruido.

Para los contribuyentes y para la economía real, el punto no es solo geopolítico. Un estrecho abierto protege el suministro y limita los shocks que castigan a consumidores, transportistas e industria. Una ruta comercial que permanece operativa es preferible a la extorsión energética, porque preserva el orden internacional y la libertad de comercio.

La historia sugiere cautela, pero también una lección básica: los mercados castigan la incertidumbre y premian la infraestructura que la reduce. Si la lectura de Stahel es correcta, Irán ha encontrado un límite material a su presión. Y cuando el límite no lo marca la retórica, sino el mar, el equilibrio tiende a inclinarse del lado de quienes siguen moviendo bienes y capitales.

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