Una delegación de empresas salvadoreñas participó en la feria «F Istanbul 2026», en Turquía, con el objetivo declarado de abrir mercados en la región euroasiática para productos como café de especialidad, miel y derivados, galletas, cacao, chocolate y licores.
La gestión fue coordinada por la Cancillería a través de la embajada salvadoreña en Turquía. Según el embajador Héctor Jaime, el evento reunió a centenares de expositores y a más de 15.000 visitantes profesionales provenientes de cerca de 100 países, una escala que convierte a la feria en una vitrina de alto tránsito comercial para economías pequeñas que buscan salir de su radio habitual.
Durante los cuatro días de agenda, la comitiva salvadoreña sostuvo acercamientos con comercializadoras, distribuidores, cadenas de supermercados, importadores y representantes del sector HORECA (hoteles, restaurantes y cafeterías), el circuito natural para colocar alimentos y bebidas en un mercado nuevo.
La embajada también coordinó un encuentro con dos gremiales empresariales turcas, MÜSIAD y DEIK, en el que se abordaron oportunidades de negocio con El Salvador y se buscó estrechar vínculos para dinamizar el intercambio comercial entre ambos países.
El objetivo, según la información oficial, fue impulsar la internacionalización de industrias locales y reforzar la imagen de El Salvador como socio comercial, sin que la delegación perdiera de vista la identidad productiva de los rubros exhibidos: café, cacao, miel y licores, todos con marca de origen centroamericano.
Diversificar sin depender de un solo comprador
El ejercicio en Estambul es, ante todo, una apuesta de bajo costo fiscal con un objetivo de mercado concreto: reducir la dependencia de los canales de exportación tradicionales y probar suerte en una región que hasta ahora ha tenido escaso peso en el comercio exterior salvadoreño. Conviene mirar los incentivos. Para un país pequeño, la diversificación de destinos de exportación no es un gesto simbólico sino una cobertura frente a shocks externos: menos exposición a la volatilidad de un solo socio comercial significa más resiliencia para los productores locales.
El formato elegido —una feria comercial con miles de compradores profesionales, gremiales locales y contactos directos con distribuidores— es, además, coherente con una lógica de libre empresa: el Estado facilita el acceso y abre la puerta, pero son las marcas privadas de café, cacao y licores las que deben competir y cerrar los contratos. No hay aquí subsidio ni protección artificial, sino promoción comercial, que es el rol que le corresponde a una cancillería cuando decide invertir recursos diplomáticos en abrir mercados para el sector privado.
El dato importa más que el ruido: 15.000 visitantes profesionales y cerca de 100 países representados es una cifra que, si se traduce en contratos reales de exportación en los próximos meses, justificará la apuesta. Si se queda en fotografías institucionales y comunicados de gremiales, habrá sido una gira más. La historia sugiere cautela: las ferias comerciales generan contactos, pero rara vez ventas inmediatas, y el verdadero indicador de éxito se medirá en las cifras de exportación salvadoreña hacia Turquía y la región euroasiática dentro de un año, no en el número de expositores que compartieron pabellón.



