Wang Jibing no tenía escritorio ni agenda literaria. Tenía una moto, pedidos pendientes y trozos de papel donde anotaba versos entre entrega y entrega. Con ese material construyó Vuelo rasante, una colección de poemas inspirada en los desafíos cotidianos de los repartidores chinos que acaba de obtener el Premio Literario Lu Xun, uno de los reconocimientos más prestigiosos de las letras en China.
Wang tiene 56 años y comenzó a trabajar como repartidor alrededor de 2019. Antes había pasado por la construcción, la recolección de residuos reciclables y la venta ambulante. Abandonó los estudios en la adolescencia por las dificultades económicas de su familia, nacida en la provincia de Jiangsu. Sin embargo, su amor por la lectura no se interrumpió: durante la última década publicó poemas y ensayos en redes sociales, donde fue ganando notoriedad de forma gradual.
En 2022, su poema Un hombre con prisa se hizo viral. La obra nació de un incidente de 2019: horas perdidas intentando completar una entrega porque un cliente había introducido una dirección incorrecta. Al año siguiente publicó su primera colección, Un hombre con prisa: poemas de un repartidor de comida. Vuelo rasante, publicada en 2024, fue un paso más ambicioso: Wang entrevistó y encuestó a alrededor de 200 repartidores antes de escribirla.
«¿Quién dice que extender las alas significa volar alto? Volar bajo también es volar», reza uno de sus versos.
Cuando se anunció el premio el 15 de julio, Wang declaró al medio estatal Global Times: «Contuve la respiración y me sentí extremadamente nervioso… Una vez que se anunció el resultado, sentí que me liberaba de un peso». También admitió que la atención mediática le había generado una presión psicológica considerable. La cuantía económica del galardón no se anuncia públicamente, aunque en 2014 ascendía a 100.000 yuanes chinos, equivalentes a unos 14.800 dólares según la fuente.
A pesar del reconocimiento, Wang no planea retirarse. «Desde el punto de vista económico, no necesito este trabajo para ganarme la vida, pero me gusta el ambiente que lo rodea y me mantiene en forma», explicó. Tiene intención de seguir repartiendo hasta los 60 años. «Quiero llevar una vida sencilla y con los pies en la tierra, y el premio nunca cambiará quién soy», añadió.
Su caso no es aislado. Reparto paquetes en Beijing, unas memorias del exmensajero Hu Anyan publicadas en 2023, se convirtió en un éxito de ventas en China y fue traducida al inglés. Años antes, en 2017, el ensayo autobiográfico Soy Fan Yusu, escrito por una trabajadora migrante, conquistó internet con tal fuerza que su autora tuvo que abandonar temporalmente su hogar ante la avalancha mediática. Un número creciente de trabajadores manuales está dejando huella en el mundo literario chino.
El premio lleva el nombre de Lu Xun, considerado por muchos el padre de la literatura china moderna y conocido por usar la sátira para criticar la sociedad tradicional. Su obra ha cobrado nueva relevancia entre las generaciones más jóvenes: hace algunos años, el personaje Kong Yiji, de uno de sus relatos, se convirtió en un meme que simbolizaba el desencanto de la juventud china ante la falta de empleo.
Conviene mirar los incentivos. La economía de encargo china ha creado una vasta clase de trabajadores móviles, flexibles y mal protegidos que el aparato estatal celebra cuando producen cultura, pero sobre quienes recae la presión de un sistema de reparto algorítmico sin red de seguridad robusta. Wang Jibing ganó un premio; los 200 repartidores que entrevistó siguen en la moto. El mérito individual puede abrirse paso incluso en los márgenes del sistema, pero eso no sustituye a las instituciones que protegen la libertad económica y los derechos del trabajador independiente. El dato importa más que el ruido: la historia de Wang es inspiradora precisamente porque es excepcional.



