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El rastro invisible que convierte una hormiga en una invasión

Investigadores mexicanos documentaron los mecanismos químicos con los que una sola exploradora puede movilizar a cientos de obreras hacia la despensa. La ciencia detrás de la plaga más común del hogar.
Imagen ilustrativa
Ciencia y tecnologíasábado 11 de julio de 2026

Una hormiga exploradora no es una amenaza. Es una señal de largada.

Cuando la exploradora localiza alimento en una despensa —el azúcar, las migajas del cereal, el aceite junto a la estufa— no lo toma y se va. Regresa al nido depositando microgotas de feromona con el abdomen a lo largo del camino. Esa señal química lo cambia todo: mientras haya comida disponible, cada obrera que recorre el sendero deposita más feromona y refuerza la ruta. A más hormigas en el trayecto, más intensa la señal; a más intensa la señal, más hormigas llegan.

Investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí identificaron, en una revisión sistemática publicada en la revista Abanico Veterinario, 26 compuestos químicos distintos en 14 especies de hormigas. Esos compuestos provienen de estructuras especializadas del cuerpo del insecto: la glándula de Dufour, las glándulas venenosas y el intestino posterior. La señal no es permanente —se evapora con el tiempo— pero se renueva de forma continua mientras el alimento esté disponible. Cuando se agota, las obreras dejan de reforzar el rastro y la señal desaparece sola.

Un modelo matemático para descifrar la invasión

Investigadores de las universidades estatales de Florida y Cleveland desarrollaron un modelo matemático capaz de explicar este fenómeno con precisión, publicando sus hallazgos en el Journal of Mathematical Biology. El modelo divide a las hormigas en dos subpoblaciones: exploradoras, que recorren el entorno de forma aleatoria, y retornadoras, que regresan directamente al nido tras encontrar comida depositando feromona en el trayecto.

«Las retornadoras secretan menos feromonas dependiendo de qué tan cerca esté la fuente de alimento del nido», señala el estudio. Más feromonas equivalen a una señal más fuerte, lo que resulta determinante cuando la fuente está lejos. Ante múltiples fuentes de alimento, la colonia construye rastros simultáneos hacia cada una, pero con el tiempo concentra el tráfico en la más cercana al nido.

Las especies más frecuentes en hogares mexicanos

Un estudio publicado en la Revista de Biología Tropical, elaborado por investigadores del Instituto de Ecología Aplicada de la Universidad Autónoma de Tamaulipas y del IPN, documentó que Solenopsis geminata —la hormiga de fuego tropical nativa de México— fue la segunda especie más frecuente en todas las muestras recolectadas de un parque urbano del noreste del país, presente en todos los tipos de vegetación del área. También registró a Paratrechina longicornis —conocida como hormiga loca— en zonas con mayor presencia humana y daño ambiental. La hormiga argentina y la hormiga faraona completan el grupo de plagas invasoras más comunes en los hogares mexicanos.

En paralelo, investigadores del IPN en Tlaxcala y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla publicaron un estudio en la revista Chemistry & Biodiversity sobre el perfil químico que libera la hormiga de fuego tropical al infestar cultivos de chile manzano en la Sierra Norte de Puebla. El estudio detectó 68 sustancias químicas desprendidas tanto por las hormigas como por las plantas atacadas, entre ellas terpenos, ésteres, esteroides, aldehídos y ácidos grasos. El hallazgo más relevante: el ácido oleico, liberado por la propia planta, resultó ser un repelente natural de la hormiga de fuego tropical en condiciones reales.

El dato importa más que el ruido. La investigación básica sobre comportamiento de insectos —financiada en buena parte por instituciones públicas como el IPN y universidades estatales— produce hallazgos con aplicación directa: un compuesto natural, ya presente en la planta, capaz de repeler una plaga sin intervención química externa. Conviene mirar los incentivos que tiene el sector privado para llevar ese descubrimiento del laboratorio al hogar. La distancia entre ambos puntos suele medirse en regulación y en voluntad de inversión.

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