Pedro Sánchez abrió en Dos Hermanas, Sevilla, el primer gran acto de precampaña del PSOE para las elecciones del 29 de noviembre, en un escenario elegido en uno de los bastiones socialistas de Andalucía. El acto coincidió con el primer fin de semana del calendario electoral tras el anuncio oficial de la convocatoria y con el primer mitin de precampaña del PP en Madrid.
En el auditorio municipal Los del Río, Sánchez estuvo acompañado por María Jesús Montero y Francisco Rodríguez. Rodríguez defendió que el proyecto del presidente sigue vivo y sostuvo que gobierna «para la gente». También contrapuso un «liderazgo con rumbo» y «la mayoría social» a un PP al que acusó de carecer de proyecto y de hacer política «de la mano de los poderosos».
Montero, por su parte, afirmó que el partido va «a por todas» y aseguró que, «desde la izquierda», las políticas progresistas permiten «crecer más, redistribuir mejor, avanzar en derechos de los trabajadores y tener voz propia en el ámbito internacional». Añadió que Sánchez ha sido el gobernante con «políticas más progresistas en cualquier materia» y lo situó en asuntos como Gaza, el reconocimiento del Estado palestino, la guerra de Irán y la invasión de Ucrania.
La vivienda se colocó en el centro del discurso. Sánchez afirmó que «la política de vivienda no tiene fecha de caducidad» y prometió que «el próximo Parlamento, con una amplia mayoría progresista, y el Gobierno progresista reforzarán y mantendrán este real decreto ley de vivienda que protege a los pequeños propietarios y a los inquilinos frente a la especulación». También recordó que ese decreto fue rechazado la semana pasada en el Congreso y dijo confiar en sacarlo adelante con cambios en la Diputación Permanente.
En su intervención, Sánchez habló de la vivienda como la lucha de esta época y rindió homenaje a Maricarmen, la mujer fallecida esta semana tras ser desalojada de su casa en Madrid. Dijo que, junto a quienes se movilizan por una vivienda justa, «abrió el camino» y citó sus palabras: «lo que yo he sufrido no lo sufra nadie más».
El presidente también cargó contra el PP y Vox, a los que atribuyó un cambio de estrategia por miedo a perder las elecciones. Dijo que quienes defendían «el que pueda hacer, que haga» ahora son los de «cuantos menos voten, mejor», y sostuvo que las urnas llenas benefician a «las gentes» mientras las vacías favorecen a «los que mueven los hilos». Atribuyó a ese miedo los mensajes sobre el voto por correo y afirmó que ambos partidos «van a perder las elecciones» generales.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un gobierno convierte la vivienda en eje permanente de campaña, el riesgo es que la urgencia política empuje sobre un mercado ya tensionado y sobre un aparato estatal que siempre promete ordenar lo que antes desordenó. La causa social puede ser real; el remedio público, no necesariamente eficiente.
También hay una lectura de fondo para el contribuyente y para el pequeño propietario. Si la vivienda queda atrapada en la lógica de la movilización electoral, el debate se desplaza desde la oferta, la seguridad jurídica y la inversión hacia el reparto de costes y la intervención continua. El dato importa más que el ruido: sin confianza en las reglas, la especulación no desaparece; solo cambia de forma.

