Francis Halzen, físico nacido en Bélgica, ganó el Premio Nobel de Física 2026 por su trabajo en la detección de neutrinos de alta energía procedentes del espacio profundo, anunció la Real Academia Sueca de las Ciencias en Estocolmo el 6 de octubre.
Su aporte central fue la fundación del IceCube Neutrino Observatory, un detector gigantesco en el Polo Sur. El proyecto se completó en 2011 con una matriz de 5,160 sensores, a un costo de US$271 millones, financiado por la National Science Foundation de Estados Unidos. Hoy involucra a más de 450 investigadores.
Halzen, que trabaja en la University of Wisconsin–Madison, se llevó los 12 millones de coronas suecas del premio, equivalentes a US$1.2 millones. Es la primera vez desde 1992 que el premio de Física se concede a un solo ganador.
Los neutrinos son la segunda partícula más común del Universo, después de los fotones. Más de 1,000 millones atraviesan una mano cada segundo, pero los de alta energía son extremadamente raros y difíciles de detectar. IceCube fue diseñado para estudiarlos cuando salen de algunos de los entornos más energéticos del Universo, como supernovas y estallidos de rayos gamma.
La lógica científica era simple y exigente a la vez: si el detector era lo bastante grande, podría capturar el rastro de luz tenue que deja un neutrino al chocar con un átomo. Como los neutrinos atraviesan la materia y casi no interactúan, también permiten trazar una línea hacia su origen en el cosmos.
En la década de 1980, Halzen tuvo la idea de usar hilos de detectores bajados más de 1.5 kilómetros en agujeros perforados en el hielo antártico, un entorno libre de muchas interferencias. Dentro de dos años, el detector ya había observado neutrinos fuera de la galaxia y con energías extremas.
En 2013, IceCube publicó un resultado que mostró una población de neutrinos con energías tan altas que no pudieron haberse producido en ningún lugar del Sistema Solar, y con ello consolidó el nuevo campo de la astronomía de neutrinos. Después, en 2014, el observatorio detectó tres neutrinos de energías excepcionales, apodados Bert, Ernie y Big Bird.
Tres años más tarde, la colaboración logró un hallazgo largamente esperado: un neutrino de alta energía que pudo rastrearse por primera vez hasta una fuente específica, una galaxia lejana llamada TXS 0506+056, conocida también como «el evento de Texas». Observaciones posteriores sugirieron que la fuente era un blázar, una galaxia violenta con un agujero negro supermasivo en su núcleo.
Paschal Coyle, físico de neutrinos en Aix-Marseille University y portavoz de KM3NeT, dijo que Halzen es «una figura paterna para la astronomía de neutrinos».
El premio recompensa una idea científica de alto riesgo que tardó décadas en validar su utilidad. Conviene mirar los incentivos: cuando el Estado y sus agencias financian infraestructura de frontera, el retorno puede ser tardío, incierto y aun así enorme. La cuestión no es solo el prestigio del Nobel, sino la disciplina de sostener proyectos que el mercado privado difícilmente absorbería por su plazo y complejidad.
También hay una lección institucional. IceCube funcionó porque el tamaño importó, porque la financiación fue sostenida y porque la cooperación internacional reunió a más de 450 investigadores. En ciencia, como en economía, las grandes victorias suelen depender menos del ruido y más de la paciencia, la escala y la asignación correcta de recursos.


