Edición Globaljueves 3 de septiembre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Líderes · Análisis · Opinión

El espejismo del crecimiento autoritario

Un análisis del economista Macario Schettino distingue entre el crecimiento que agota recursos y el que genera productividad real. México, advierte, sigue el camino equivocado.
Foto: elfinanciero.com.mx
Líderesviernes 28 de agosto de 2026

China y la Unión Soviética entre 1940 y 1980 comparten un rasgo. Ambos regímenes lograron tasas de crecimiento que sus contemporáneos calificaron de extraordinarias. También alcanzaron hitos tecnológicos notables: la URSS fue la primera potencia espacial a inicios de los sesenta; China compite hoy en inteligencia artificial.

El economista Macario Schettino, en su columna en El Financiero, sostiene que ese crecimiento no es lo que parece. Lo llama «crecimiento agotador», concepto que desarrolló hace una década en su libro El fin de la confusión. Ocurre cuando un país incorpora recursos ociosos a la producción. La producción sube. Pero no mejora la productividad.

Según Schettino, ese patrón permite alcanzar un ingreso medio global. El costo es alto: catástrofes ambientales y condiciones de vida deplorables por la urbanización acelerada.

La Unión Soviética, China, Alemania, Japón y Corea del Sur compartieron una misma receta. Todos invirtieron al máximo. Financiaron esa inversión con ahorro forzoso, es decir, con consumo deprimido. La consecuencia fue exportar, porque la población no tenía capacidad de comprar lo que se producía.

Los resultados, sin embargo, se bifurcaron. La URSS nunca resolvió su producción agrícola. Ese fracaso, señala el autor, terminó por derrumbarla. Alemania sí logró equilibrar su economía. Japón no: el exceso de inversión derivó en una burbuja inmobiliaria que estalló en 1989. Desde entonces, ese país no crece.

Corea del Sur evitó ese destino gracias a la crisis asiática de 1998, que facilitó su reequilibrio. China, en cambio, repitió el error japonés. Su burbuja estalló en octubre de 2021. Desde entonces, sostiene Schettino, el país enfrenta serias dificultades que oculta con una ola exportadora basada en vender por debajo del costo de producción.

Hay un factor adicional que explica por qué Alemania, Japón y Corea superaron la barrera del ingreso medio y China no. En esos tres países existió una coalición entre empresarios y políticos orientada a fortalecer el país, no a extraer rentas. Schettino cita a Wolfgang Münchau y su libro Kaput: el fin del milagro alemán, que documenta una forma de compadrazgo en ese modelo. Aun así, la orientación de la coalición marcó la diferencia.

Todos esos países pudieron deprimir el consumo porque apelaron al «sacrificio patriótico» o porque eran regímenes totalitarios. En América, según el autor, esa opción no existe. En México, el consumo ha crecido de forma notable. Ese crecimiento se sostiene en incrementos salariales por encima de la productividad y en el reparto de dinero público. Contablemente parece crecimiento. En sentido estricto, no lo es.

El argumento de Schettino conecta con un problema que trasciende a México: confundir gasto con desarrollo. El crecimiento real, insiste, proviene de inversión y de productividad total de los factores, no de transferencias que inflan el consumo en el corto plazo.

Conviene mirar los incentivos. Un modelo que premia el gasto electoral por encima de la inversión productiva puede sostener cifras favorables durante un ciclo. La historia sugiere cautela: Japón y China ilustran que el agotamiento de recursos, sea vía inversión forzada o consumo subsidiado, tiene un límite. El dato importa más que el ruido de las cifras trimestrales. Y el dato, en este caso, remite a una pregunta pendiente para el oficialismo mexicano: cuánto de su crecimiento reciente es productividad y cuánto es simple gasto disfrazado de bonanza.

Más sobre Líderes

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →