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El déficit comercial con China cae y Trump gana margen, pese a una visita de Xi sin grandes anuncios

La Casa Blanca consiguió una mejora visible en el frente comercial y dejó a Pekín con pocos entregables. El reto ahora es que ese alivio no se diluya en acuerdos de papel sobre AI o fentanilo.
Líderesviernes 25 de septiembre de 2026

China y Estados Unidos llegaron a una nueva fase de su pulso comercial con una foto de Estado y pocos anuncios de peso. Xi Jinping no está listo para cerrar grandes pactos con Estados Unidos sobre soja, AI ni mucho más, y el propio entorno de Pekín publicó una nota sobre «Bonded by Ping-Pong» cuando faltaban noticias sustantivas.

En ese vacío, la administración Trump presentó lo que llama victorias discretas pero relevantes. La más clara es el comercio: el déficit entre exportaciones e importaciones de Estados Unidos con China bajó de «$297 billion» en 2024 a «$202 billion» en 2025, y Jamieson Greer dice que apunta a «$140 billion» para 2026. Si se cumple, sería un giro histórico tras más de 20 años en que la brecha no estaba tan baja.

La Casa Blanca describe parte de ese avance como «managed» trade, centrado en bienes específicos y no sensibles, como productos agrícolas y dispositivos médicos. Greer dijo a CNBC que los controles de exportación vinculados a seguridad nacional se dejan fuera de la mesa. Conviene mirar los incentivos: Washington prefiere preservar la ventaja tecnológica y Pekín busca tiempo, acceso y alivio comercial.

Pero el terreno sigue lejos de un acuerdo amplio. Según Scott Metzger, China ha comprado solo la mitad de la soja pactada. Y la tregua de 2025 se extendió apenas dos meses más tras una reunión de 12 horas entre Scott Bessent y He Lifeng. No es un cierre; es una prórroga.

El propio Bessent dejó claro que no hay certezas sobre un pacto mayor. Dijo: «I don’t know whether a bigger deal can be done. I don’t know whether we will just roll the current deal». Esa frase resume el estado de la relación: conversación continua, resultados limitados y un calendario político todavía abierto.

También hubo contactos sobre inteligencia artificial y una posible línea directa para incidentes transfronterizos. Pero las fuentes citadas por esta cobertura rebajan el alcance de cualquier entendimiento. El texto apunta a que China no participa en control de armas nucleares y que un eventual acuerdo sobre AI sería más declaración que mecanismo exigible, igual que el grupo de trabajo sobre fentanilo.

La otra batalla más importante no está en el comunicado, sino en la infraestructura de poder económico. La nota remarca que lo decisivo para Estados Unidos es mantener su pila tecnológica de AI por delante de China. Ese es el punto de fondo: quién fija las reglas, quién produce el hardware y quién convierte la innovación en poder nacional.

En ese marco, la visita de Xi luce menos como una cumbre transformadora que como una pausa táctica. Trump, en cambio, puede exhibir una mejora concreta en el déficit comercial y un margen negociador más favorable. No es una victoria completa, pero sí una señal de que la presión, cuando se sostiene, produce incentivos.

La historia sugiere cautela. Las treguas con Pekín suelen ser útiles hasta que dejan de serlo, y los acuerdos sin verificación terminan costando tiempo a la economía real. Para los contribuyentes y las empresas estadounidenses, lo importante no es la ceremonia diplomática, sino si el aparato estatal protege la libre empresa, la seguridad económica y la ventaja tecnológica.

Si Washington mantiene el rumbo, el beneficio será de largo plazo: menos dependencia, menos déficit y más espacio para la industria estadounidense. Si se conforma con frases amables y líneas directas, China habrá ganado exactamente lo que suele buscar: tiempo.

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