La vida de Débora Nishimoto cambió tras un accidente en el que se bajó de un auto en movimiento, se golpeó la cabeza y perdió el olfato. Dijo que también sufrió un traumatismo de cráneo y que el episodio le dejó secuelas en la memoria.
Nishimoto contó que, después de ese hecho, empezó a ir a clases de teatro como terapia. Años más tarde, esa búsqueda derivó en una carrera actoral que la volvió conocida en todo el país por su trabajo en la serie «Envidiosa».
La actriz relató que durante la rehabilitación le vendaban los ojos y tenía que olfatear como un animal. También afirmó que perdió para siempre algunos recuerdos, en una experiencia que describió como desesperante.
Antes de dedicarse a la actuación, estudiaba Letras en la universidad. Además, dijo que también había pasado por estudios de traductorado de inglés y que siempre le gustaron la lectura y los idiomas.
Nishimoto explicó que la actuación no fue una decisión tomada desde la infancia, sino una actividad que apareció de forma gradual. Según su relato, el taller de teatro comenzó como una herramienta de terapia y luego le abrió oportunidades de trabajo.
En la entrevista también habló de su identidad familiar. Dijo que su sangre es enteramente japonesa, que nació en Argentina y que se considera recontra argentina. Relató que sus abuelos paternos llegaron de Hiroshima durante la guerra sin nada y luego pusieron una tintorería llamada «Hiroshima».
Contó además que sus padres la mandaron a colegios públicos y que de grande empezó a estudiar japonés y a leer literatura japonesa. Según dijo, el viaje a Japón terminó de acercarla a esa parte de su historia familiar.
La historia tiene algo más que una anécdota personal. Muestra cómo un episodio traumático puede alterar por completo el curso de una vida y, al mismo tiempo, cómo la disciplina y la búsqueda individual abren caminos que el azar no había previsto.
Conviene mirar los incentivos: cuando la respuesta a una tragedia es la creación de nuevas habilidades y no la dependencia, el resultado puede ser una vocación y no una postración. La autonomía personal, incluso en circunstancias adversas, sigue siendo el mejor antídoto contra la resignación.



