El Ejército Nacional informó que decomisó 250 kilos de explosivos en el barrio El Porvenir, en Miranda, Cauca, durante una operación de la Tercera División. La institución sostuvo que el material estaba en poder de las disidencias de las Farc al mando de alias Iván Mordisco y que habría sido destinado a un atentado.
La tropa llegó hasta un sector donde residen unas 300 personas y ubicó elementos que, según el Ejército, estaban siendo alistados para un ataque. La operación permitió neutralizar 12 medios de lanzamiento y, de acuerdo con la institución, evitó una posible afectación masiva contra la población civil.
El Ejército señaló que integrantes de la Estructura Dagoberto Ramos, al servicio de alias Iván Mordisco, habrían abandonado una volqueta al detectar la presencia de las tropas. También afirmó que dos de los elementos explosivos instalados en el sector fueron accionados, lo que puso en riesgo directo a los habitantes y transeúntes de la zona urbana.
El Grupo de Manejo de Artefactos Explosivos Marte identificó luego 12 dispositivos explosivos improvisados, que fueron neutralizados de manera controlada. Como medida preventiva, cerca de 100 personas, entre ellas niños, niñas y adolescentes, fueron evacuadas durante más de cuatro horas mientras avanzaban los procedimientos técnicos y de seguridad.
El Ejército rechazó el empleo de artefactos explosivos en sectores poblados y pidió que organismos nacionales e internacionales de derechos humanos y derecho internacional humanitario conozcan y se pronuncien sobre estos hechos. Añadió que mantiene presencia en Miranda y que continúa con verificaciones, controles y operaciones militares para neutralizar nuevas amenazas.
Conviene mirar los incentivos. Cuando un barrio de civiles termina convertido en teatro de guerra, el Estado no solo enfrenta una amenaza táctica: también exhibe el costo económico y humano de perder el monopolio efectivo de la seguridad. Cada evacuación, cada calle cerrada y cada vecino expuesto revelan una falla que no se corrige con comunicados, sino con control territorial sostenido.
La historia sugiere cautela. En el norte del Cauca, la seguridad de la población depende menos de promesas que de capacidad real para impedir que las estructuras armadas impongan su lógica. Para las comunidades, el orden no es un concepto abstracto: es la diferencia entre vivir, transitar y trabajar, o quedar a merced de quienes convierten explosivos en instrumento de presión política y militar.


