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Déficit autopartista argentino cae 17,3%, pero la señal es de contracción, no de fortaleza

La mejora del saldo comercial responde a una caída del 18,3% en la producción de vehículos, no a un aumento de la competitividad exportadora. El sector advierte sobre el avance de proveedores asiáticos en detrimento de la integración regional.
Imagen ilustrativa
Negociosmiércoles 5 de agosto de 2026

El déficit comercial de autopartes de la Argentina alcanzó los US$3.928 millones en el primer semestre de 2026, según el último informe de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC). La cifra representa una reducción interanual del 17,3% respecto de los US$4.750 millones registrados en el mismo período de 2025, una mejora de US$822 millones en términos absolutos.

Sin embargo, la propia entidad advierte que el dato no refleja un fortalecimiento del sector. Las importaciones cayeron 15,9%, hasta los US$4.534 millones, en línea directa con una producción automotriz que se contrajo 18,3% interanual: entre enero y junio se fabricaron 204.658 unidades, frente a las 250.478 del mismo período del año anterior. Las exportaciones, por su parte, también retrocedieron: cayeron 5,9% y totalizaron US$606 millones, el nivel más bajo de los últimos cinco semestres analizados por AFAC.

Las compras externas se redujeron en cada uno de los seis meses del período. La mayor contracción mensual se registró en mayo, cuando las importaciones pasaron de US$1.036 millones a US$801 millones. En total, se importaron alrededor de US$860 millones menos que en el primer semestre de 2025. Las mayores bajas por categoría correspondieron a los sistemas de amortiguación, dirección y suspensión (-31,3%), otras autopartes varias (-31%) y forja y fundición (-25,5%).

Uno de los cambios estructurales más relevantes del semestre fue el desplazamiento de Brasil como proveedor dominante. Las compras desde ese país cayeron 24,1%, desde US$1.680 millones hasta US$1.275 millones, lo que redujo su participación al 28,1% del total, por debajo del rango histórico de entre 30% y 40% señalado por AFAC. Tailandia se ubicó como segundo proveedor, con US$773 millones y un crecimiento del 4,1%, mientras que China quedó tercera, con US$658 millones y un alza del 2,3%. Ambos países concentraron en conjunto el 31,6% de las importaciones argentinas de autopartes, superando la participación brasileña.

El fenómeno no es exclusivo del mercado argentino. Según AFAC, durante el primer semestre las importaciones brasileñas de autopartes provenientes de la Argentina cayeron 10%, mientras que las originadas en China crecieron 25% en ese mismo mercado. La tendencia muestra que los proveedores asiáticos ganan espacio también en Brasil.

México registró la mayor caída entre los proveedores relevantes: sus ventas a la Argentina bajaron 63,9%, hasta US$69 millones. Japón retrocedió 32,4%, hasta US$333 millones; Estados Unidos bajó 3,9%, hasta US$296 millones; y Alemania cayó 3,5%, hasta US$269 millones.

En el frente exportador, la concentración es llamativa: Stellantis Brasil recibió autopartes argentinas por US$414 millones, equivalentes al 68,2% de todas las exportaciones del sector, aunque las ventas hacia ese destino también disminuyeron 4,4%. Casi siete de cada diez dólares exportados por el sector dependen de un único cliente en un único mercado.

Ante este panorama, AFAC propuso revisar las reglas de origen del Mercosur aplicables al ensamblado de vehículos para fortalecer la integración productiva entre Argentina y Brasil, y planteó la posibilidad de investigaciones coordinadas sobre posibles prácticas de competencia desleal —como dumping o subsidios— similares a las aplicadas por Estados Unidos, la Unión Europea y México.

Conviene mirar los incentivos. Un déficit que se reduce porque la industria produce menos no es una señal de saneamiento; es una señal de retracción. El avance de proveedores asiáticos en un sector donde las reglas del Mercosur deberían favorecer la integración regional plantea una pregunta legítima sobre si esas reglas están bien diseñadas o simplemente mal aplicadas. La libre empresa no prospera con subsidios encubiertos de terceros; la defensa comercial, cuando se basa en evidencia, no contradice el mercado abierto: lo defiende.

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