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Cucunubá, la ‘Italia de Latinoamérica’ cerca de Bogotá, gana terreno como escapada corta

A dos horas de la capital, el municipio combina calles empedradas, arquitectura colonial y naturaleza. La oferta confirma que el turismo de cercanía sigue siendo una ventaja para las economías locales.
Culturamartes 6 de octubre de 2026

Cucunubá, en Cundinamarca, se presenta como uno de los destinos tranquilos y llenos de paisajes cerca de Bogotá. Está a solo dos horas de la capital del país y forma parte de esa oferta de escapadas cortas que, en los alrededores, reúne montañas, pueblos coloniales, cascadas, lagunas, embalses y bosques.

La fama de «Italia de Latinoamérica» se explica por un centro urbano que conserva calles empedradas y viviendas coloniales cuidadosamente preservadas. El entorno, enclavado entre colinas y montañas cubiertas de vegetación y, a veces, de neblina, alimenta esa comparación con campiñas europeas que suele vender bien en el turismo de proximidad.

La tranquilidad es uno de sus principales atractivos. Sus calles pausadas y el ambiente de pueblo permiten un paseo relajado, lejos del movimiento y el ruido de las grandes ciudades. Para un viajero que busca descanso, ese activo pesa tanto como cualquier monumento.

Información de la Gobernación de Cundinamarca señala que sus escenarios naturales y su arquitectura hacen de Cucunubá una alternativa atractiva para quienes buscan pueblos con historia y encanto. Allí también destaca la Parroquia del Divino Salvador, reconocida por su arquitectura y por su importancia dentro del patrimonio local.

En el centro del municipio está el parque principal, rodeado de árboles y vegetación, en contraste con las fachadas coloniales que lo circundan. Ese tipo de paisaje urbano, sencillo y conservado, es precisamente el que convierte a ciertos municipios en imanes para visitantes que huyen de la saturación de las grandes ciudades.

Otro punto de interés son las antiguas vías del ferrocarril de Cucunubá, construidas en 1924. El recorrido permite apreciar una obra de ingeniería que incluye tres túneles excavados en formaciones rocosas, además de estructuras diseñadas para facilitar el paso de los trenes y el manejo de las aguas.

Para quienes prefieren espacios naturales, la Laguna de Suesca figura entre los lugares destacados de la zona. El cuerpo de agua, compartido por Suesca y Cucunubá, tiene una extensión aproximada de 10 kilómetros de largo por seis de ancho y posee un significado especial para la cultura muisca, que la consideraba un sitio sagrado.

La experiencia se completa con una oferta gastronómica local. Los visitantes pueden encontrar quesos, cuajada, amasijos, empanadas, panelitas de leche, cuchuco de trigo y ajiaco, además de yogur griego, cremas naturales y parrilladas. Las artesanías elaboradas en lana también forman parte de la visita.

En su territorio se pueden realizar senderismo, avistamiento de aves y camping. Conviene mirar los incentivos: cuando un municipio preserva su patrimonio, ordena su oferta y convierte su paisaje en un activo, atrae visitantes sin depender de grandes aparatos ni de costosas infraestructuras públicas.

La lección es simple. El turismo de cercanía funciona cuando el entorno sigue siendo legible, tranquilo y bien conservado. Allí donde la vida cotidiana conserva escala humana, el mercado de visitantes encuentra valor real; donde predominan el ruido y la improvisación, ese valor se erosiona.

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