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Asia y China

Corea del Norte endurece su desafío nuclear y eleva la tensión en Asia

Pyongyang dijo en la ONU que su estatus como Estado con armas nucleares es irreversible y volvió a atacar las maniobras de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. El mensaje deja a la región con menos margen para la desescalada y más incentivos para la carrera militar.
Asia y Chinamartes 29 de septiembre de 2026

Corea del Norte volvió a subir el tono contra Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, y dejó claro que no contempla abandonar su arsenal nuclear. En una intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el viceministro de Exteriores norcoreano, Kim Son Gyong, afirmó que la península coreana y sus alrededores viven una «inestabilidad extrema» y una tensión «aún más aguda».

Kim acusó a Washington y a sus aliados de sostener una política de «persistente hostilidad» hacia Pyongyang. También responsabilizó a las maniobras conjuntas de los tres países por alimentar una confrontación de dimensión nuclear en la península.

Uno de los blancos principales de sus críticas fue el ejercicio Freedom Edge 26, realizado en septiembre por las fuerzas armadas de Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Esa práctica incluyó operaciones navales, aéreas, logísticas y cibernéticas. Para Washington, Seúl y Tokio, ese tipo de entrenamiento busca reforzar la interoperabilidad y la preparación frente a una eventual amenaza norcoreana.

Pyongyang lo interpreta de forma opuesta. Kim sostuvo que esos ejercicios sirven para perfeccionar planes para una eventual guerra contra Corea del Norte. «Estados Unidos conspira con sus aliados para modificar y actualizar sistemáticamente los escenarios de guerra nuclear contra Corea del Norte», afirmó el viceministro.

La disputa se intensificó además por el proyecto surcoreano para desarrollar submarinos de propulsión nuclear. Seúl busca incorporar esas plataformas para aumentar la capacidad de sus fuerzas navales frente a los avances militares norcoreanos. El Ministerio de Exteriores norcoreano calificó la autorización estadounidense para ese programa como un «desarrollo peligroso» y advirtió que puede generar más inestabilidad en Asia-Pacífico.

Pyongyang vinculó esa iniciativa con AUKUS, el acuerdo por el que Estados Unidos y Reino Unido cooperan con Australia en el desarrollo de submarinos de propulsión nuclear. Según el régimen norcoreano, Washington contribuye así a expandir las capacidades nucleares de sus aliados.

También hubo críticas contra Japón. Kim cuestionó el fortalecimiento de las capacidades militares japonesas y sostuvo que Tokio aprovecha la situación internacional para ampliar su estructura de defensa. A su juicio, esos cambios generan «nubarrones de guerra» en Asia y constituyen «un grave desafío a la paz mundial».

En el terreno nuclear, Pyongyang fue todavía más explícito. El viceministro dijo que el estatus de la RPDC como Estado poseedor de armas nucleares «jamás podrá ser revertido bajo ninguna circunstancia». El Ministerio de Exteriores norcoreano añadió que esa condición está consolidada «tanto material como jurídicamente».

Kim defendió esa postura como una herramienta de disuasión. Sostuvo que el poder militar norcoreano ha impedido que las tensiones desemboquen en un enfrentamiento armado abierto. «El equilibrio de poder regional, sustentado por las capacidades de autodefensa de la RPDC, frena eficazmente el riesgo de conflicto armado», afirmó.

La región, por tanto, entra en una dinámica conocida: más cooperación militar entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, más reafirmación nuclear por parte de Pyongyang, y menos espacio para una arquitectura de seguridad basada en la contención política. El dato importa más que el ruido.

Conviene mirar los incentivos. Cuando un Estado proclama que su arsenal atómico es irreversible y responde a cada ejercicio de sus vecinos con más militarización, el resultado es un equilibrio más caro y menos estable. Para los contribuyentes de la región, y para la seguridad global, la factura de esa carrera no deja de subir.

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