El ciclo de recuperación que siguió a la recesión de 2024 enfrenta su primera prueba de resistencia. Según un informe de la consultora MAP, el consumo privado en Argentina creció apenas 0,8% en el primer trimestre de 2026 respecto del trimestre anterior, consolidando una desaceleración sostenida desde el fuerte rebote que siguió a los mínimos de fines de 2023.
El nivel agregado del consumo ya supera el máximo previo de 2018, pero esa cifra macroeconómica no se traduce en la percepción cotidiana de los hogares. La razón es estructural: una porción creciente del gasto se canaliza hacia bienes y servicios producidos en el exterior. La eliminación del impuesto PAIS, la reducción de restricciones a las importaciones y un tipo de cambio apreciado impulsaron las importaciones de bienes de consumo un 34,7% frente a 2023. Las compras vía courier prácticamente se triplicaron y las importaciones de automóviles aumentaron más de 150%.
El comportamiento interno es marcadamente dispar. Las motos mantienen dinamismo, pero los autos pierden velocidad, el mercado inmobiliario dejó atrás el boom de 2025 y las ventas de electrónica y electrodomésticos volvieron a retroceder. El consumo masivo es el gran rezagado: las ventas caen en supermercados, mayoristas, shoppings y comercios relevados por CAME, incluso en comparación con los niveles de 2023.
Los tres motores que sostuvieron la recuperación se apagan en simultáneo. Primero, la demanda reprimida: ya fue absorbida. Segundo, el crédito: los préstamos al consumo acumulan seis meses consecutivos de caída en términos reales y retroceden 8,2% en lo que va del año. Tercero, el mercado laboral: el empleo registrado permanece por debajo de los niveles de noviembre de 2023 y los salarios reales aún no recuperan el terreno perdido.
A ese cuadro se suma el deterioro de la calidad crediticia. La cartera irregular de las familias alcanzó el 7,7% en los bancos —el nivel más alto de la serie— y llega al 29,6% en las billeteras virtuales. La recomposición de tarifas, por su parte, redujo el ingreso disponible de los hogares, comprimiendo aún más el margen para el gasto discrecional.
El deterioro tampoco es homogéneo en términos geográficos. Ninguna provincia exhibe un desempeño positivo en todos los segmentos del consumo. Algunas muestran dinamismo en motos o combustibles; otras retroceden con fuerza en supermercados o patentamientos de autos.
MAP concluye que, sin una recuperación más clara del empleo, los salarios y el crédito, el escenario más probable es el de un crecimiento débil del consumo. La proximidad del ciclo electoral de 2027 agrega un factor adicional de incertidumbre sobre las decisiones de gasto e inversión de los hogares.
Conviene mirar los incentivos. El ajuste fiscal de la administración Milei produjo un rebote real —el consumo agregado supera el pico de 2018— y la apertura comercial amplió la canasta disponible para los argentinos. Pero la consolidación del crecimiento exige una segunda etapa que los datos aún no confirman: recuperación del empleo formal, crédito sano y salarios que ganen terreno en términos reales. El dato importa más que el ruido: la morosidad en máximos históricos y seis meses consecutivos de caída del crédito al consumo son señales que el mercado no puede ignorar. La historia sugiere cautela ante cualquier lectura que confunda el rebote con la recuperación estructural.

