Un informe sobre el nuevo orden global identificó al menos 160 productos en los que Colombia tiene una ventaja comparativa revelada superior a la de China y que podrían abrir oportunidades en el mercado estadounidense. La lista incluye plaguicidas, cosméticos, detergentes, textiles, frutas preparadas y alimentos.
El hallazgo está en el informe «Reordenando el tablero: oportunidades para Colombia en el nuevo orden global», elaborado por el área de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, que analizó las ventajas comparativas reveladas —RCA, por sus siglas en inglés— de ambos países.
El ejercicio encontró «potencial en al menos 160 productos donde Colombia cuenta con una RCA superior a la de China». Pero hay una particularidad que convierte ese dato en una oportunidad exportadora: en esos mismos productos, las exportaciones chinas todavía tienen una participación mayor que las colombianas en el mercado estadounidense.
En otras palabras, Colombia tiene una ventaja comparativa frente a China en esos bienes, pero todavía no consigue traducirla en una participación equivalente en Estados Unidos. Ese es precisamente el espacio que el nuevo orden del comercio mundial podría abrir para los exportadores colombianos.
El informe señala que «la reconfiguración de las cadenas de suministro abre una ventana para que Colombia gane participación en el mercado estadounidense», en medio de un escenario en el que las empresas están buscando diversificar proveedores y reducir la dependencia de cadenas de suministro demasiado concentradas.
Los 160 productos no corresponden a un solo sector. El mapa elaborado por Corficolombiana muestra oportunidades tanto en manufacturas como en agroindustria y reúne productos con diferentes niveles de complejidad.
Entre los principales aparecen plaguicidas, confitería sin cacao, jabón, ropa interior femenina, preparaciones capilares, frutas preparadas o conservadas, artículos higiénicos, papel higiénico, cosméticos, detergentes, láminas plásticas, tubería plástica, pescado fresco o congelado, productos de panadería, alimentos preparados y alimento para animales.
El informe divide así el potencial entre bienes manufactureros y agroindustriales. En manufacturas sobresalen productos químicos, artículos de aseo, cosméticos, textiles y plásticos, mientras que en agroindustria aparecen alimentos procesados, frutas y productos pesqueros.
Corficolombiana destaca particularmente que los productos identificados «combinan una elevada ventaja comparativa de Colombia con un mercado potencial significativo en EE. UU.». Y ahí aparece una de las claves del análisis: no se trata solamente de buscar nuevos productos para exportar, sino de aprovechar capacidades productivas que Colombia ya tiene para entrar en mercados que actualmente atienden proveedores chinos.
La ventaja comparativa revelada no significa que Colombia sea actualmente el principal proveedor de esos productos en Estados Unidos. Lo que muestra es que, según el patrón de exportaciones de cada país, Colombia presenta una especialización relativa mayor que China en determinados bienes.
La paradoja es que China sigue vendiendo mucho más de esos productos en el mercado estadounidense. Por eso el estudio no habla de una sustitución automática. El potencial de cada producto se construye comparando, por un lado, lo que Colombia ya exporta al mundo y, por otro, lo que Estados Unidos importa desde China.
De hecho, Corficolombiana explica que en su Gráfico 8, «Productos colombianos con potencial para sustituir importaciones estadounidenses desde China», el tamaño de cada burbuja representa el mercado potencial. Para calcularlo, tomó «el mínimo entre el total de las exportaciones de Colombia al mundo y el total de las importaciones estadounidenses desde China».
Esto permite aterrizar el concepto: si Colombia ya tiene capacidad para exportar determinado producto al mundo y Estados Unidos importa ese mismo bien desde China, existe un espacio potencial para que empresas colombianas aumenten su participación. Pero no significa que todo ese comercio pueda ser reemplazado por Colombia.
El informe plantea que el beneficio para Colombia podría ser mayor que simplemente aumentar el valor de sus exportaciones. El objetivo sería utilizar esa ventana para atraer inversión, ampliar fábricas, desarrollar proveedores nacionales y aumentar el grado de transformación de los productos colombianos.
Por eso, después de identificar los 160 productos, el documento hace una advertencia que resulta central para entender la oportunidad: «Más allá del aumento de las exportaciones, el principal desafío será convertir esta oportunidad en mayores encadenamientos productivos, inversión y sofisticación de la canasta exportadora».
La discusión, entonces, no es solamente cuánto podría vender Colombia a Estados Unidos, sino qué tendría que hacer para producir más y mejor. Conviene mirar los incentivos: cuando una economía encuentra nichos donde ya tiene ventaja relativa, el paso decisivo es convertir ese potencial en capital, empleo y escala, no en un informe más para la biblioteca pública.
También hay una lección para el aparato estatal y para la clase empresarial. Si la ventana comercial existe, su valor dependerá de reglas claras, logística, financiamiento y capacidad de inversión. El dato importa más que el ruido: competir contra China en Estados Unidos no será un gesto político, sino una prueba de disciplina productiva y de libre empresa.


