Desde Jerusalén, el canciller colombiano Omar Bula anunció que Colombia solicitó oficialmente retirarse del Grupo de La Haya y defendió el restablecimiento pleno de las relaciones con Israel. Lo hizo durante la inauguración de la embajada colombiana en Jerusalén, en un acto al que asistieron Benjamin Netanyahu, Gideon Sa’ar y otras autoridades de ambos países.
Bula sostuvo que la ruptura diplomática con Israel «nunca debió haberse producido» y dijo que el nuevo gobierno quiere ir más allá de la apertura de la sede. También afirmó que Colombia es «el mejor aliado de Israel» y que ese vínculo funciona «en ambos sentidos».
El canciller presentó la reapertura de la embajada como una señal política del Gobierno del presidente Abelardo De La Espriella. Según Bula, la decisión y otras medidas adoptadas por Bogotá muestran la voluntad de recuperar una relación de más de siete décadas.
La decisión también supone un cambio frente a la práctica diplomática que mantenía la embajada en Tel Aviv antes de la ruptura de relaciones ocurrida durante el gobierno de Gustavo Petro. El acto marca, además, el restablecimiento formal de la relación bilateral en agosto de 2026, después de la ruptura de 2024 por las operaciones militares israelíes contra Hamás en Gaza.
Uno de los anuncios más duros del discurso fue el retiro del Grupo de La Haya. Bula calificó a esa organización como una estructura creada para «aislar y atacar a Israel» y dijo: «Rechazamos ese enfoque». Con ello, Bogotá se aparta de un marco multilateral que el canciller presentó como hostil a Israel.
El otro eje fue la lucha contra el antisemitismo. Bula cuestionó la actuación del gobierno anterior de Petro y afirmó que, a su juicio, hubo ambigüedad al condenar el terrorismo tras los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. También sostuvo que ese periodo abrió la puerta a una ola de antisemitismo en Colombia.
El ministro fue enfático al marcar distancia con la administración anterior. «El Gobierno del presidente de La Espriella, esta Cancillería y este canciller no permanecerán en silencio. No permitiremos que este flagelo se extienda por el país sin respuesta ni cuestionamiento», afirmó.
La secuencia importa más que la ceremonia. Colombia no solo reabrió una embajada; también reordenó sus señales diplomáticas, se apartó de un foro hostil a Israel y colocó el combate al antisemitismo en el centro de su mensaje exterior. Conviene mirar los incentivos: el Gobierno busca alinear su política exterior con una relación estratégica y, al mismo tiempo, dejar atrás la herencia del quiebre con Tel Aviv.
Para Bogotá, el movimiento puede leerse como una apuesta por previsibilidad, cooperación y respaldo político. Para los críticos del giro, en cambio, supone abandonar un esquema de confrontación que el gobierno de Petro había abrazado. El dato importa más que el ruido: Colombia ha decidido volver a una relación que, según Bula, nunca debió romperse.



