Una operación realizada desde Piedecuesta, Santander, cruzó continentes el pasado mes y colocó a Colombia en el mapa de la telecirugía de alta complejidad. El Hospital Internacional de Colombia (HIC) fue el punto de comando desde el que el doctor Sudhir Srivastava —cirujano cardíaco indio-estadounidense, fundador y CEO de SS Innovations— practicó un sleeve gástrico a un paciente hospitalizado en Indore, India, que pesaba cerca de 200 kilogramos al momento de la intervención.
La distancia entre el cirujano y el paciente superó los 15.000 kilómetros. Para salvarla, el sistema utilizó una conexión de internet satelital de alta estabilidad que transmitió las instrucciones del cirujano y las imágenes del quirófano casi instantáneamente. El instrumento central fue el robot Mantra 3, desarrollado por SS Innovations: cuenta con visión tridimensional de alta definición, brazos robóticos independientes y una consola remota con controles que, según la fuente, son similares a los de un videojuego avanzado.
El cirujano dirigía los movimientos del robot desde Colombia mientras en la sala de cirugía en India operaba un equipo local completo —anestesiólogos, instrumentadores, técnicos, ingenieros y un cirujano local— preparado para intervenir manualmente ante cualquier falla técnica o desconexión. La operación concluyó con éxito.
No es la primera telecirugía del mundo. La primera de la que existe registro ocurrió en 2001, cuando un paciente en Francia fue operado de vesícula desde Nueva York. El récord de distancia vigente, según los registros Guinness, lo ostenta una intervención realizada este año desde Ecuador a un paciente en China, a 35.000 kilómetros. Lo que sí es inédito es que Colombia figure ahora entre los países capaces de ejecutar este tipo de procedimientos.
El objetivo declarado de la intervención fue demostrar la viabilidad de cirugías transcontinentales en tiempo real para eliminar la barrera de la distancia entre el especialista y el paciente, y así ampliar el acceso a atención especializada en regiones apartadas.
Conviene mirar los incentivos. Este hito no nació de un programa estatal ni de una directiva ministerial: nació de una empresa privada —SS Innovations— que invirtió en desarrollar un sistema robótico propio, y de un hospital que apostó por incorporarlo. El dato importa más que el ruido: cuando la regulación no obstruye y el capital privado encuentra espacio para experimentar, la innovación médica avanza a un ritmo que ningún plan de salud pública habría podido trazar en un escritorio.
Para Colombia, el episodio tiene un valor simbólico que trasciende la anécdota quirúrgica. En un país donde el debate sanitario gira con frecuencia alrededor del gasto público y la estatización de servicios, una operación realizada a 15.000 kilómetros de distancia por un emprendedor privado recuerda que la frontera real de la medicina no la fija el presupuesto del Estado, sino la calidad del entorno para innovar. La historia sugiere cautela ante quienes proponen que solo el aparato estatal puede garantizar acceso: este paciente en Indore fue operado por el mercado.



