El ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Omar Bula, entregó este martes un pasaporte al ciudadano colombo-israelí Elkana Bohbot, quien recuperó su libertad en octubre de 2025 tras permanecer 738 días secuestrado por Hamás en la Franja de Gaza.
El Ministerio de Exteriores informó en su cuenta de X que Bula le entregó el documento a Bohbot, a quien describió como un ciudadano colombo-israelí que volvió a la libertad después de un largo cautiverio. Durante su agenda en Jerusalén, el canciller se reunió con Bohbot y con su esposa para hacer la entrega.
Bohbot obsequió a Bula un libro que escribió luego de su liberación, con «un mensaje para Colombia». Según el propio Bohbot, escribió ese libro «para que el pueblo colombiano conozca al pueblo israelí y sigan juntos el camino».
Bula también viajó a Israel para restablecer el Tratado de Libre Comercio entre ambos países, después de que el expresidente colombiano Gustavo Petro lo rescindiera en 2025, según Infobae. La misma fuente añade que Petro rompió los lazos diplomáticos con Israel en mayo de 2024 por su ofensiva militar en Gaza.
La historia tiene una dimensión humana evidente. Bohbot fue secuestrado el 7 de octubre de 2023 en el festival Nova y liberado en octubre de 2025, tras 738 días. Luego regresó con su esposa y su hijo; en agosto de este año la pareja tuvo una hija, en medio de una celebración generalizada.
Pero el hecho político es otro: Colombia está reordenando sus prioridades diplomáticas. Según la información difundida por Infobae, el presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ha dado un giro de 180 grados a la política exterior del país, profundizando sus vínculos con Estados Unidos y restableciendo la relación con Israel.
Ese giro importa porque la política exterior no es un ejercicio simbólico, sino una decisión de incentivos. Un gobierno que recompone lazos, reabre comercio y vuelve a tender puentes con socios estratégicos está corrigiendo el costo de los conflictos ideológicos sobre la economía y la inserción internacional.
Para un país como Colombia, la señal es clara: los vínculos con socios comerciales y aliados políticos no deberían quedar subordinados a gestos de confrontación. Conviene mirar los incentivos. Cuando el aparato estatal baja el tono y prioriza la estabilidad, ganan la libre empresa, el comercio y, sobre todo, los ciudadanos que dependen de reglas previsibles.



