Colombia cuenta con 23 restaurantes españoles y un colmado certificados con los sellos RFS y CFS, dos distinciones otorgadas por ICEX España que reconocen la calidad de la cocina y aportan a la promoción internacional.
Esos sellos, Restaurants from Spain y Colmados from Spain, permiten identificar y garantizar un estándar de calidad mediante una certificación de autenticidad. Las acreditaciones son concedidas por un comité integrado por instituciones gastronómicas, enológicas y gubernamentales, junto con ICEX España Exportación e Inversiones.
Desde 2021 se han certificado 600 restaurantes y bares distribuidos en 57 países, además de 135 colmados especializados en productos españoles presentes en 40 naciones. En América, ICEX dice que hay 211 establecimientos certificados. Estados Unidos lidera la lista con 109, seguido de México, con 28, y Colombia, con 23.
La foto colombiana no es menor. En un mercado donde la oferta gastronómica compite por atención y fidelidad, la certificación funciona como señal de confianza. También actúa como una marca de país. España no solo vende recetas. Vende una identidad culinaria empaquetada en reglas, formación y promoción.
En Colombia, la posición responde, según María Naranjo, directora de Industria Agroalimentaria de ICEX, a «ese interés genuino por descubrir, siempre desde el respeto y el conocimiento de lo propio que tienen los colombianos». Naranjo añadió que «el país se está abriendo rápidamente y se nota por la cantidad de nuevos restaurantes y por los chefs jóvenes que están surgiendo». También dijo que el propósito es que todos los restaurantes españoles presentes en Colombia y el mundo obtengan esta certificación.
La lista local es amplia. En Bogotá sobresalen Pajares Salinas, Gaudí, 5&Quince, Barrica Tapas y Cañas, El Horreo Casa Pepe, Vitapas, La Favorita, Bulería, El Asturiano y La Puerta de Alcalá. En Cartagena se destacan Erre de Ramón Freixa, La Tapería y El Peninsular. En Cali figuran Bulería y Casa Ibérica, y en Medellín, El Payés.
También aparecen otros nombres en Villa de Leyva, Cundinamarca, Manizales, Barranquilla, Yumbo y Popayán. Colombia solo tiene un colmado con el sello CFS: La Peseta Gourmet, en Bogotá.
RFS y CFS, según Naranjo, depositan su voto de confianza en establecimientos que «emplean productos de la despensa española y preparan recetas fieles a sus tradiciones». Además, ofrecen formación, invitan a sus chefs a encuentros gastronómicos y los promocionan en plataformas como Eater.
Eso importa más allá de la cocina. Una certificación así crea reputación, ordena la competencia y favorece a quienes cumplen estándares verificables. También beneficia a España, que proyecta su marca sin depender solo del turismo o del vino. En términos de incentivos, premia la consistencia y castiga la improvisación.
Para el consumidor colombiano, el sello reduce la incertidumbre. Para el empresario, puede convertirse en una ventaja comercial. Para ambos, el mensaje es claro: la calidad reconocida todavía tiene valor. Y en un mercado saturado de promesas, ese es un activo que no conviene subestimar.



