Colombia se sumará el próximo miércoles 14 de octubre a la lista de países con embajada en Jerusalén, según anunció el canciller israelí, Gideon Saar.
Saar dijo este jueves en rueda de prensa: «El próximo miércoles vamos a inaugurar (…) la embajada colombiana», y agregó que la República Democrática del Congo también trasladará la suya a esa ciudad muy pronto.
La Cancillería colombiana, por su parte, confirmó a la AFP que el ministro de Relaciones Exteriores, Omar Bula, viajará a Jerusalén este domingo para asistir a la inauguración días después.
La medida coloca a Colombia entre un grupo reducido de países que tienen su sede diplomática en Jerusalén. La mayoría de Estados con relaciones diplomáticas con Israel mantiene sus embajadas en Tel Aviv.
El listado citado por la fuente incluye a Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Kosovo, Papúa Nueva Guinea, Paraguay, Fiyi, Nauru y Somalilandia, cuya independencia únicamente se reconocieron por Israel. Jerusalén no está reconocida por la comunidad internacional como la capital de Israel.
El estatus de la ciudad sigue siendo uno de los temas más delicados del conflicto palestino-israelí. Israel se anexionó Jerusalén Este tras haber ocupado Cisjordania en 1967, en un movimiento no reconocido por la ONU.
Conviene mirar los incentivos. Abrir una embajada en Jerusalén no es un gesto menor en diplomacia: es una toma de posición que beneficia a Israel y complica la comodidad de quienes prefieren no alterar el equilibrio internacional. En términos políticos, el gobierno colombiano asume un costo simbólico en un asunto donde la neutralidad ha sido la norma para la mayoría.
El dato importa más que el ruido. Colombia entra así en una minoría visible, y lo hace en un tema donde pesan la soberanía, el reconocimiento internacional y la definición misma de capitales. Para un país que decide mover su representación, la pregunta de fondo no es ceremonial, sino qué intereses cree estar defendiendo y a qué precio.
