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Claudio Romero convierte su disciplina en oficio y Chile suma un oro récord en Santa Fe

El discóbolo ganó con 65,33 metros y fijó una nueva marca de la competencia en los Juegos Suramericanos. Tras años de tropiezos y cambios, dice que ya no compite como hobby sino como trabajo.
Culturamartes 29 de septiembre de 2026

Chile alcanzó este martes su trigésima medalla de oro en los Juegos Suramericanos que se disputan en Santa Fe, Argentina, gracias a Claudio Romero. El discóbolo ganó la final del lanzamiento del disco con un registro de 65,33 metros, nuevo récord de la competencia.

La actuación confirma un giro que el propio atleta describe como profundo. Romero dijo que en el último año «di vuelta mi vida», bajó seis kilos, mantuvo la fuerza, cambió de entrenador y pasó la temporada en Europa. También resumió el cambio con una frase que define su presente: «Ahora esto lo veo como una pega, ya no es algo para lo que sea bueno, ya no es mi hobby».

El resultado llega después de una trayectoria marcada por contrastes. Romero fue campeón mundial sub 18 en 2017 en Kenia, con 64,33 metros, y luego siguió acumulando títulos y marcas en el circuito universitario estadounidense y en los Juegos Suramericanos de Asunción 2022. Pero también arrastró episodios difíciles: un incidente en una premiación del Club Deportivo Universidad Católica, una pausa de cerca de tres meses y una serie de frustraciones en competencias mayores.

En Santiago 2023, cuando llegaba como uno de los favoritos, anuló sus tres lanzamientos y salió sin medalla. Después reconoció: «No tengo palabras. Estaba preparadísimo, pero di la cacha». Más adelante añadió que sintió «un vacío en el pecho» y que estaba «para la cagada».

La historia se repitió en París 2024. Llegó con una marca de presentación de 67,29 metros, pero volvió a registrar tres lanzamientos nulos. «Seré el rey del entrenamiento, seré el rey del calentamiento, pero acá adentro no hago nada», dijo entonces. También explicó que una hernia lo tuvo «muy limitado» y que, de treinta entrenamientos, uno era bueno por el dolor.

Conviene mirar los incentivos. Cuando un atleta de alto rendimiento deja de tratar su oficio como pasatiempo, el salto no es solo psicológico; también es organizacional. Cambiar de entrenador, competir en Europa y sostener una temporada larga son decisiones que apuntan a maximizar resultados, no a improvisar.

Para Chile, el oro tiene valor deportivo y también simbólico: confirma que la inversión de esfuerzo puede traducirse en rendimiento medible, mientras el país acumula una nueva marca en el medallero. Para Romero, el desafío ya no es explicar su talento, sino sostenerlo cuando la presión sube y el margen de error se estrecha.

La historia sugiere cautela. Un récord en Santa Fe no borra los tropiezos previos, pero sí muestra que el atleta encontró una estructura más seria para competir. Si ese cambio se mantiene, Los Ángeles 2028 será menos una promesa que una prueba de consistencia.

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