Edición Globalsábado 17 de octubre de 2026 El mundo en breveLa edición semanal
Continente ORDEN Y PERSPECTIVA GLOBAL.
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacionalNegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
Secciones y más
El mundo
LíderesEstados UnidosLas AméricasEuropaAsia y ChinaOriente Medio y ÁfricaInternacional
Negocios, ciencia y cultura
NegociosFinanzas y economíaCiencia y tecnologíaCultura
El medio
El mundo en breveLa edición semanal BoletinesAcerca
Ciencia y tecnología

China atrae pacientes de cáncer con la terapia CAR-T y pone presión sobre el acceso y los costos

Pacientes de varios países viajan a Shanghái para recibir una inmunoterapia que ya se usa desde hace más de una década en cánceres de la sangre. La novedad está en su expansión a tumores sólidos y en una brecha de acceso que empuja a los enfermos a buscar atención fuera de casa.
Imagen generada con IA
Ciencia y tecnologíamiércoles 23 de septiembre de 2026

Pacientes con cáncer de Estados Unidos, Nueva Zelanda y otros países están viajando a China, especialmente a Shanghái, durante 2026, para recibir tratamientos con células CAR-T, una inmunoterapia personalizada que utiliza células del propio sistema inmunitario para reconocer y atacar determinados tipos de cáncer.

El interés por acudir al país asiático está relacionado con el desarrollo de nuevas aplicaciones de esta terapia, los costos de algunos procedimientos y la disponibilidad de tratamientos que todavía no tienen el mismo acceso en otros países.

La terapia CAR-T no es un tratamiento nuevo. Desde hace más de una década se utiliza principalmente para determinados cánceres de la sangre, como leucemias, linfomas y mieloma múltiple, especialmente cuando otros tratamientos han dejado de funcionar o la enfermedad reaparece.

Sin embargo, los tumores sólidos han representado uno de los principales desafíos para esta tecnología. En 2026, China aprobó una terapia CAR-T destinada a un tumor sólido, un desarrollo que amplió el campo de aplicación de este tratamiento y comenzó a generar interés entre pacientes extranjeros.

En junio de 2026, la Administración Nacional de Productos Médicos de China aprobó satricabtagene autoleucel, conocido como satri-cel, desarrollado por la compañía CARsgen Therapeutics, con sede en Shanghái. El tratamiento está dirigido a adultos con cáncer gástrico o de la unión gastroesofágica avanzado, positivo para Claudina 18.2 y negativo para HER2, que ya hayan recibido al menos dos líneas de tratamiento.

La Claudina 18.2 es una proteína presente en la superficie de algunas células cancerosas, particularmente en tumores gástricos y pancreáticos. Su presencia permite utilizarla como una de las características que las células CAR-T pueden reconocer.

La aprobación convirtió a China, según la información suministrada, en el primer país en autorizar una terapia CAR-T específicamente para un tumor sólido.

Ese desarrollo también aparece relacionado con el aumento de pacientes extranjeros que buscan tratamiento en el país. El caso de Shanghái muestra que el interés no está únicamente relacionado con una tecnología nueva, sino con la posibilidad de acceder a determinadas terapias antes de que estén disponibles en otros lugares.

Un ejemplo es Michael Walters, un paciente de 25 años procedente de Nueva Zelanda que viajó a Shanghái después de varios tratamientos contra un linfoma no Hodgkin. Según la información publicada por The Wall Street Journal, había recibido quimioterapia, radioterapia y otra inmunoterapia antes de acudir a China.

En su caso, el tratamiento administrado en Shanghái tuvo un costo aproximado de 60.000 dólares, una cifra que, de acuerdo con el reporte, era menor a los precios que había encontrado en Estados Unidos y Australia.

«No es un medicamento milagroso, pero esta fue, con diferencia, la mejor opción que pude encontrar», señaló Michael Walters.

Otro paciente mencionado es Josh Bronkhorst, un empresario de 57 años que recibió tratamiento en Shanghái después de ser diagnosticado con cáncer de estómago. Había pasado por meses de quimioterapia e inmunoterapia, pero el tumor continuaba creciendo.

Según el reporte, su tratamiento en China costó cerca de 150.000 dólares, mientras que una opción comparable en Estados Unidos podía llegar a unos 550.000 dólares.

«Cada día está mejorando», expresó el paciente. Bronkhorst también explicó que decidió regresar a Nueva Zelanda después del tratamiento para continuar su recuperación.

El interés por China no significa que la terapia CAR-T solo esté disponible allí. En otros países existen tratamientos aprobados para distintos cánceres de la sangre. El desplazamiento de pacientes está relacionado, entre otros factores, con el desarrollo de nuevas terapias, las diferencias de costos y la posibilidad de acceder a determinados tratamientos.

La mecánica del tratamiento ayuda a entender por qué atrae tanta atención. La terapia utiliza los propios linfocitos T del paciente, células del sistema inmunitario encargadas de identificar y atacar elementos anormales.

Primero se extraen células sanguíneas mediante un procedimiento de aféresis o leucaféresis. Después, las células T se modifican en un laboratorio para incorporarles un receptor de antígeno quimérico, conocido como CAR. Más tarde se multiplican hasta obtener una cantidad suficiente y, finalmente, se introducen nuevamente en el organismo por vía intravenosa.

Una vez dentro del cuerpo, los receptores CAR permiten que las células modificadas reconozcan determinados antígenos presentes en las células cancerosas y las ataquen. Debido a que pueden multiplicarse dentro del organismo, se las ha descrito como un tipo de «fármaco vivo».

El proceso completo puede tomar varias semanas dependiendo del tratamiento y del centro médico. Antes de recibir las células modificadas, algunos pacientes también pueden requerir quimioterapia para reducir temporalmente otras células inmunitarias y facilitar la acción de las CAR-T.

Conviene mirar los incentivos: cuando un país autoriza antes una terapia y además ofrece precios sensiblemente menores, atrae pacientes y capital médico. La señal para el mercado es clara; la señal para los sistemas de salud más lentos también lo es.

La historia sugiere cautela, porque el salto tecnológico no elimina las desigualdades de acceso. Si una terapia existe pero no está disponible para todos en tiempo razonable, el resultado es un mercado de la esperanza donde solo algunos pueden pagar el boleto. El dato importa más que el ruido: la competencia médica también es una competencia institucional.

Más sobre Ciencia y tecnología

La edición semanal

El temario completo de la semana

Leer la edición →